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Alonso de Alvarado: Leal al Perú y la Corona

Biografía de Alonso de Alvarado       

Alonso de Alvarado es de los múltiples exploradores y conquistadores españoles que desgraciadamente han caído en el olvido. Su lealtad a la corona y saber hacer lo correcto más allá de las múltiples tentaciones le ganaron fama y gloría. Aunque también sellarían su triste final…

Alonso de Alvarado Montaya González de Cevallos y Miranda  fue un conquistador español de origen cántabro. Alvarado nacería en Secadura (En Cantabria) en el 1500 y le encontraría la muerte en la ciudad de Lima en el 1556 de una manera indigna a sus méritos realizados.

Nuestro protagonista  era hijo del mismísimo García López de Alvarado, el bueno, y de Doña María de Miranda.  Si bien es cierto que su más tierna infancia la viviría en la localidad de Hontoria de la Cantera junto a su tía Teresa de Alvarado.

Retrato de Alonso de Alvarado
Retrato de Alonso de Alvarado

Llegado el momento, Alonso zarparía  hacia América para ponerse bajo las órdenes de su tío Pedro de Alvarado. Tras un tiempo de servicio en Guatemala, marcharía junto con Pedro de Alvarado al Perú.

Alonso de Alvarado llegaría a ser un colaborador Francisco Pizarro, a quien reconoció como Gobernador legítimo de Perú, uniéndose a las tropas que este lideraba. Con el tiempo Pedro de Alvarado retornaría a Guatemala, y surgiría la heroica figura de Alonso.

Pizarro lo pondría al frente de distintas conquistas, exploraciones y fundaciones de ciudades, convirtiéndose en el antecesor de las inspecciones a la cuenca amazónica, consiguiendo llegar en 1535 hasta Chachapoyas, situada al norte de Perú. Traspasó el Alto Marañón, al noroeste del Perú, y avanzó hasta Los Motilones, cerca de Marañón.

Trayectoria militar de Alvarado

Alvarado demostraría ser un líder militar sobresaliente y siempre leal a Pizarro. De  hecho, estaría al mando de los batallones que Francisco de Pizarro había conseguido reunir.

En 1535, se internaría bajo órdenes de Francisco Pizarro, junto a una veintena de hombres en la recóndita selva amazónica de Perú, siendo así el primer español en hacerlo.

Más tarde, en 1536, Pizarro le pidió que regresara a Lima para reprimir la rebelión contra los conquistadores, encabezada por el jefe indígena conocido como el Manco Inca, acompañado por veinte mil hombres.

Mientras avanza hacia Cuzco, haría una parada de cinco meses en Jauja, con el propósito de calmar el ánimo de los insubordinados. Logra llegar a acuerdos con las huancas, quienes se aliarían con los españoles.

En 1537, se puso al frente de la ofensiva que tuvo lugar cerca del puente que cruza el río Abancay, guiada por Diego de Almagro, gobernador de Nueva Toledo, quien libera al grupo beligerante que apoyaba al Manco Inca. Sin embargo, resultó vencido por este, quien lo capturó. Esto dio inicio a la guerra civil entre pizarristas y almagristas.

Almagro derrota y encarcela a Alonso de Alvarado

Almagro lo trasladó a una mazmorra en Cuzco donde estaría como prisionero. No obstante, haciendo uso de su perspicacia y sagacidad, logró escapar en medio de una revuelta sumamente peligrosa y huyó junto a Gonzalo Pizarro. Regresaría al lado de Francisco Pizarro, a quien veía como máxima autoridad Real del Perú.  

Alvarado llegó a ocupar una excelente posición en su carrera como militar, estuvo al frente de las batallas más difíciles y sangrientas, no obstante, la suerte no estaba de su lado durante los enfrentamientos, resultando derrotado en algunas ocasiones. Aunque hay que reconocerle que jugó un papel fundamental en las exploraciones que llevaron a la conquista del imperio Inca.

Alvarado contra los Almagristas

La siguiente batalla tendría lugar contra las fuerzas lideradas por Diego de Almagro, en 1538. Alvarado marchó con el ejército de Pizarro y llegaría al contacto en la que se ha conocido como la batalla de Salinas. El resultado de esta batalla fue claro, Almagro fue derrotado y tomado como prisionero. Sería decapitado en el mes de julio de ese mismo año, en la Plaza Mayor de Cuzco. Este final para Diego de Almagro, plantaría las semillas para futuras revueltas.

Retrato de Diego de Almagro con su armadura y espada.
Retrato de Diego de Almagro

Alvarado y su expedición del Dorado

Cuando las aguas se calmaron, Alvarado que tenía ansia de poder y gloria, se adentró junto a sus tropas en las selvas de Suramérica, persiguiendo el sueño de dar con El Dorado. Este tenía fama de esconder un reino en su interior, que albergaba a su vez, una inmensa cantidad de riquezas.  

Con la anuencia de Vaca, quien le concedió amplios poderes para actuar en su nombre mientras regresaba de Quito al Perú, Alvarado se movilizó hasta el oriente con la intención de dar con los Mayorunas, aliados de los Chachapuyas. En su búsqueda, atravesó el prominente río Huallaga, desembocando en la región de Moyobamba.

Junto a sus hombres, fundó a mediados de 1540, junto a sus soldados la ciudad de Santiago de los Ocho Valles de Moyobamba, a 4 km de distancia de la ciudad por el lado oeste, que pasó a ser el punto de partida de todas las expediciones al Perú. Luego, prosiguió a Lima dispuesto a seguir la guerra civil instaurada contra los almagristas.

Como consecuencia de su partida a Lima, dejó el mando de la ciudad que fundara Pérez de Guevara.

La revuelta de Diego de Almagro el Mozo

Al enterarse de la ejecución de su padre, Diego de Almagro iniciaría los preparativos para su venganza contra los Pizarro. El hijo de Almagro, conocido como el Mozo, quería vengar la muerte de su padre a toda costa, hasta que consiguió encabezar un motín. Él mismo irrumpió dentro del despacho del gobernador Pizarro en la ciudad de los Reyes, vociferando “Viva el rey, muera el tirano”, acabando con la vida de este en junio de 1541.

Alvarado lamentó la muerte de su fiel compañero de armas y se dirigió a Yungay, encontrándose con el batallón de Cristóbal Vaca de Castro, recién designado gobernador por el Rey Carlos V, con el propósito de dar fin a la rebelión. Con ambos al frente del ejército realista, vencieron a los insurrectos en la batalla de Chupas en 1542.

Retrato de Cristóbal Vaca de Castro
Retrato de Cristóbal Vaca de Castro

Alonso de Alvarado es reconocido por el Rey

Diego Almagro el Mozo, no corrió mejor suerte que su padre, fue vencido, capturado y posteriormente ejecutado en la Plaza Mayor de Cuzco, donde tres años atrás su padre había sido decapitado. Tras este desenlace y el fin de la revuelta, Alvarado retornaría a España a saborear su reciente triunfo, gloria y riqueza. 

Estando en España, para reconocer sus fieles servicios a la corona, Alvarado fue nombrado por el emperador Carlos I, caballero de la Orden de Santiago y Mariscal del Perú. Si bien no todo fueron títulos y tuvo tiempo para formar una familia. Contrajo nupcias en 1544 con Ana de Velasco, la cual pertenecía a la casa de los Condestables de Castilla. Tras su matrimonio, se establecería en la impresionante ciudad de Burgos.

La revuelta de Gonzalo Pizarro y su vuelta a Chachapoyas

Alvarado no podría disfrutar de su merecido descanso y en 1546 se vio obligado a volver al Perú junto a Pedro de la Gasca para imponer la Paz del Rey. Las fuerzas imperiales obtendrían una rápida victoria en la batalla de Jaquijaguana frente a los partidarios de Pizarro. Si bien  esta victoria sólo traería una falsa sensación de tranquilidad en el Perú, quedando claro que habría más revueltas…

Una vez terminada la guerra, Alvarado retornó a Chachapoyas, encontrándose con la destrucción de la ciudad que años atrás había erigido. Supo retomar las alianzas con los pobladores de Chachapoyas y supo enfrentarse a las arremetidas que lideró el caudillo inca Illa Túpac, donde logró salir airoso. De hecho levantaría nuevamente la ciudad de San Juan.

En 1551, los pobladores de Cuzco inician una nueva revuelta, con la excusa de que el servicio personal de los indios fue eliminado por la corona. En esta ocasión, Alvarado es designado Corregidor y Justicia Mayor, se encamina hacia la capital y disipa a los insurgentes.            

La muerte de Alonso de Alvarado

En 1553, Alvarado quien ostentaba el título de capitán, se enfrentó la insurrección iniciada por Francisco Girón. Sin embargo, en 1554 resultó vencido en la batalla de Chuquinga por los insurgentes. Si bien logra huir sobre el lomo de un caballo, con una herida de arcabuz en el cuello. Regresaría acompañado de treinta supervivientes a Lima, preso de tristeza.

            Al llegar, se encerró ensimismado en su casa, con el amargo sentimiento de haber resultado abatido en su último enfrentamiento. Cinco años más tarde en 1556, tras caer en una profunda depresión, Alonso de Alvarado muere.