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Alonso de Molina

Si has buscado este artículo es porque te interesa saber la relevancia que tuvo Alonso Molina en Perú. Este nos mostró, la vida de personas que nunca pudimos conocer de una manera más detallada e ilustrada.

Conocer la vida de Alonso Molina, te permite conocer aún más, acerca del momento de la historia en qué Perú estaba habitada por los Incas.

Alonso de Molina es un explorador y conquistador español cuya jovialidad, honradez y lealtad ha inspirado a muchos. Su vida, sin duda alguna merece la debida atención sobre la influencia que este tuvo a lo largo de la historia.

Índice

Los primeros años de la vida de Alonso de Molina.

Alonso de Molina nació en Úbeda, una ciudad de la provincia Jaén en la España peninsular. La fecha de su nacimiento, aún en la actualidad se desconoce. Vivió en una familia española junto a sus padres y hermanos, tampoco se conocen datos de los mismos.

Molina tuvo una participación muy relevante en la expedición de los hermanos Pizarro a Perú. Fue un excelente y reconocido soldado de la época, el ejemplo a seguir de muchos hombres.

Alonso era un hombre culto. Manejaba muchos conocimientos intelectuales y era muy respetuoso por lo que llamaba la atención de sus compañeros . Además siempre conseguía acabar agradando a todo el mundo. Estas características y su lealtad le llevaron a tener una gran amistad con el explorador y conquistador Francisco Pizarro.

Molina, al igual que otros lugareños de Úbeda, tenía el sueño de participar en el descubrimiento de América. Años después formó parte de los trece de la fama. Es decir, fue uno de los trece soldados que no abandonaron nunca a Pizarro en su expedición. Por lo que se ganó el cariño, el respeto y la admiración de muchos.

Alonso de Molina, Francisco Pizarro y el resto de los trece de la fama en la isla del Gallo.
Alonso de Molina, Francisco Pizarro y el resto de los trece de la fama en la isla del Gallo.

A pesar de que el corazón y la mente de Molina estaban en Europa, en Úbeda España, lugar donde vivió su infancia. No dudo en quedarse en Perú. Al conocer las tierras Incas, actualmente Perú dónde habitaban los indios se dio cuenta de que podía vivir en este lugar que le había encandilado. Ya que le parecía que estos indios tenían una buena calidad de vida, y eran muy amables con él.

Esta fue la única vez en que Molina dejó solo a Pizarro. Y lo hizo bajo el permiso del mismo. A la espera de que Pizarro regresase con refuerzos. La vida de personas como Molina cautiva nuestra atención y curiosidad, jamás pueden ser olvidadas. Deben de ser nuestro punto de referencia y de reflexión, para observar a la sociedad de otra época.

Alonso Molina llega a Perú

Alonso de Molina, se embarcó en un largo viaje junto a Francisco de Pizarro en busca del famoso Imperio Inca. Estos pasaron por Panamá y lograron explorar el en ese entonces conocido como Mar del Sur.

Luego estuvo en las Islas del Gallo, cuando Juan Tafur ordenó a todos los soldados de la expedición que se fueran con él. Sus demás compañeros escribieron una carta para relatar las penalidades de la empresa. Sin embargo, Molina siempre fue conocido como un hombre leal a sus principios y a sus amigos. Por lo que no accedió a dejar solo a Pizarro, y formó parte de los trece soldados que decidieron seguir a su lado.

Los demás del grupo en busca de un mejor ambiente de trabajo, más favorable y acogedor, se movieron hasta la Isla Gorgona. Para esperar a ser recogidos y volver a intentar otras empresas.

Pizarro siguió su expedición junto a sus trece leales soldados, por el Sur y lograron llegar a las playas de Tumbes. Pisando así el norte del actual Perú.

Al desembarcar en este hermoso lugar junto a sus soldados españoles, entre ellos Alonso de Molina. Se decidieron a quedarse a dormir en la bahía dentro de su nave. Los indios estaban asombrados de ver personas blancas, españolas. Incluso, se les acercó un joven noble incaico, quien quería que Pizarro bajara a alguno de sus soldados para que el cacique de este lugar, lo conociera.

Pizarro accedió y le ordenó a su fiel compañero, Alonso de Molina que se acercara a los pobladores en compañía de un esclavo traído de África. Y que además les llevasen animales en forma de regalo.

Alonso de Molina conoce a los lugareños del Imperio Inca

Molina se les apareció a los lugareños con gallinas, cerdos, puercos y gallos, lo que causó gran impresión en estas personas. Pues nunca les habían dado un regalo tan grande y era la primera vez que conocían a un español.

El esclavo negro que acompañaba a Molina también causó gran impresión, pues los Incas nunca habían visto una persona con un tono de piel tan oscuro, e incluso llegaron a pensar que este se había pintado o ensuciado.

“Quando el caçique vio el presente, túvolo en más de lo que yo puedo encarecer, llegando todos a ver la puerca y el berraco y las gallinas, holgándose de oyr cantar al gallo. Pero todo no era nada para el espanto que hazían con el negro, como lo veían negro, miránranle, hazíanle lavar para ver si su negrura era color o confaçión puesta; mas él, echando sus dientes blancos de fuera, se reya y allegavan unos a verlo y luego otros tantos que aun no le davan lugar de lo dexar comer”.

Crónica de Cieza de León:

Alonso era un hombre muy sociable, hacia amigos donde quiera que llegaba. Y esta no sería la excepción. Este visitó la playa y el poblado, donde fue condecorado por los indios con regalos, atenciones y un agasajo. Incluso las mujeres querían que se quedara para casarse con la India más bonita del lugar.

Sin embargo, Molina tuvo que regresar a su barco para rendirle cuentas a Pizarro. Este le mencionó lo adelantados que estaban estas personas, comparándolos con las tribus que ellos vieron en Panamá.

Molina quedó impactado al ver que los lugareños tenían casas de piedras, edificios e incluso calles. Además, Vivían en abundancia, no tenían una mala calidad de vida. En ese momento Molina, no sabía lo que le esperaba. No se imaginaba que este sería el lugar donde iba a vivir, por el resto de su vida.

Pizarro quedó muy asombrado, cuando Molina le contó que estos tenían casas e incluso edificios. Por lo que mandó a otro soldado (Pedro de Candia) a que fuera a verificar lo que Alonso decía. Este soldado tuvo que ir vestido militar y con su armamento para mostrarle a los lugareños del Imperio Inca que ellos tenían el poder de las armas a su favor.

Alonso de Molina, se queda varado en una Isla

Pizarro al comprobar que lo que decía Molina era real, decidió seguir su expedición más al Sur. Para terminar de corroborar que aquella costa era parte del famoso imperio Inca que buscaban. En la Costa, Pizarro le pidió a Alonso que fuera junto a otros soldados en busca de leña para calentarse y poder cocinar. Pero este en medio de su búsqueda, quedó atrapado tres días por una tormenta.

Pizarro al ver que habían pasado tres días y aún Molina no regresaba decidió seguir su expedición. Pues, él sabía que Alonso era un buen hombre y se ganaría la confianza también de estos lugareños. Molina fue llevado antes la cacique de aquel lugar, a la que denominaban Capullana. Y esta le permitió que pudiera retornar a donde se encontraba Pizarro.

Y así fue cómo logró juntarse nuevamente con su jefe en una playa, a la que denominaron Puerto Santa Cruz. Los lugareños y la cacique le habían brindado suficiente información a Molina, para que estos pudieran confirmar que se trataba del Imperio Inca. Le hablaron de una famosa ciudad denominada Cuzco, que comprendía la cabeza de dicho imperio.

La cacique invitó a Pizarro y a su tripulación a un banquete, para mostrarles el lugar y agradecerles por los regalos que habían dejado. Pizarro y sus hombres decidieron zarpar y seguir su expedición hacia el norte.

Alonso le pidió a Pizarro que lo dejara quedarse un tiempo en el Imperio Inca, junto a los indios. Estos se mostraron muy a gusto con su presencia y lo trataron con hospitalidad y cariño. De hecho, Molina no fue el único que decidió quedarse en aquel lugar. Dos de sus compañeros, conocidos como Ginés y Bocanegra, estos se encontraron todos en Tumbes.

El final de Alonso de Molina

Lo último que se supo sobre Alonso es que se quedó en Tumbes con sus amigos. Sin embargo, no se conoce más de allí. Se tienen algunas teorías sobre la muerte de Molina, pero ninguna ha sido confirmada.

En algunas versiones se afirma que los indios lo llevaron hasta la ciudad de Quito a los tres españoles. Para luego fueron asesinados.

Otra versión plantea que Molina y sus amigos mostraron un comportamiento respetuoso y de lujuria ante las Indias del lugar y por esto se les asesinó.

Y existe una última versión, la más famosa. La cual plantea que Molina huyendo de los tunecinos para que no lo mataran terminó en la isla Puna.

Sin embargo, en este lugar lo llevaron preso. Mientras se encontraba en esta situación, decidió adoctrinar a los niños, enseñándoles y dándoles tutoría.

Se cree que luego de esto Molina pudo ganarse el cariño de estas personas del lugar e incluso logró ser su caudillo en la guerra que tenían contra los tallanes y los Chonos. Molina pudo haber participado en varios combates y al salir de pesca en una barca, fue sorprendido y asesinado por los Chonos. Diego de Trujillo en su crónica asegura que la última versión representa la verdadera muerte de Molina.

“Desembarcamos en un pueblo que se dice el Tucu y el estrecho tenía legua y media de travesía, y de allí atravesamos la isla a un pueblo que se dice el Estero, y en aquel pueblo hallamos una cruz alta y un crucifijo pintado en la puerta y una campanilla colgada, túvose por milagro y luego salieron de la casa más de treinta muchachos y muchachas diciendo «Loado sea Jesucristo, Molina, Molina»,

y esto fue quando en el primer descubrimiento se le quedaron al Governador dos españoles en el puerto de Payta el uno que se llamaba Molina, y el otro Ginés, a quien mataron los indios en un pueblo que se decía Cinto, porque miró a una mujer de un cacique y el Molina se vino a la isla de la Puná al qual tenían los indios por su capitán contra los chonos y los de Tumbez, y un mes antes que nosotros llegásemos le habían muerto los chonos en la mar pescando”.

Crónicas de Diego de Trujillo

Alonso de Molina no llegó a saber que en la Capitulación de Toledo le habían otorgado la hidalguía, sin duda un reconocimiento justo a su lealtad y valor.