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Tras la última frontera

Hernando de Magallanes en la India

Por José Toribio Medina

Hernando de Magallanes y el origen de la epopeya

De todos es conocida la figura de Hernando de Magallanes (o Fernando) para poder entender el mundo que vivimos hoy en día. Mucho se sabe del viaje de Magallanes a las islas Molucas junto a Juan Sebastián Elcano. Éste hecho es el que le dió fama, pero sin su expedición a la India y Malaca nada de esto habría pasado. Si quieres leer antes un resumen de su biografía te dejo un enlace de nuestro artículo sobre el tema:

Los orígenes de Francisco Serrano y Magallanes

Muerta en 1491 la reina Doña Leonor, a cuyo servicio Hernando de Magallanes estaba adscrito, debió de continuar en la Real Casa por mucho tiempo más. Testimonio de ello se halla en el hecho de que su nombre, como el de su hermano Diego de Sosa, se registren, junto con el de Francisco Serrano, cuya amistad con aquél tanto había de influir en el rumbo de su vida, entre los de los «moradores de la Casa del Rey»;
digamos, entre los que percibían gajes del Monarca.

Francisco Serrano, el gran amigo de Hernando de Magallanes
Francisco Serrano, el gran amigo de Hernando de Magallanes

Lógico es también suponer que el paje de Doña Leonor continuase su educación, asistiendo a la enseñanza que se daba entonces a la juventud del reino en la «Casa da India e da Guinea», anexa al Palacio Real, que, a la vez que cámara de comercio, servía como una especie de depósito hidrográfico.

Trasunto del hecho es aquella noticia que Pigafetta recordó, de que Magallanes había visto en la Tesorería del Rey de Portugal el mapa de Martín Behaim…, y, dato más cierto, lo que sabemos acerca de la pericia que mostró después en el arte náutica, que prueba que la había estudiado en sus principios.

Breve biografía de Hernando de Magallanes

Eran aquellos años testigos de los más grandes descubrimientos geográficos a que el mundo pudiera asistir y que sólo hallarían su igual, y en cierto modo, que aun los superaron, en el que el propio Magallanes había de emprender.

La época dorada de Cristóbal Colón, Vasco de Gama y Álvarez Cabral

En el de 1492, Cristóbal Colón descubría un nuevo mundo; Vasco de Gama doblaba el Cabo de Buena Esperanza en noviembre de 1497, para hallarse de regreso en Lisboa en septiembre de 1499; Álvarez Cabral descubría en el siguiente, por acaso, la «Tierra de Santa Cruz»; los Corte-Real emprendían de su cuenta expediciones a las regiones del norte de América, desde ese mismo año; y como éstos, tantos otros, de muchos de los cuales apenas si nos han quedado noticias, que revelan que en Portugal, como había acontecido en España, se despertaba un incontenible anhelo de empresas a las tierras lejanas nuevamente descubiertas o por descubrir: anhelo que obedecía al doble objeto de extender la Fe de Cristo y de hacerse de riquezas.

Los españoles tenían como campo para ellas, el Nuevo Mundo; los portugueses, las regiones de la India, aquellas que Colón se había imaginado alcanzar, pobladas de ciudades inmensas, de ríos caudalosísimos y abundantes en todo género de cosas preciosas.

De allí habían traído los compañeros de Vasco de Gama, canela, clavo de
olor, gengibre, nuez moscada, pimienta y otras especias, y hablaban tam
bién de las minas de oro por allá existentes y cuyos productos no habían
podido llevara Europa por falta de mercaderías con que canjearlos.

El comercio pasa a manos portuguesas

Ese comercio se hallaba hasta entonces en poder de los árabes y era tiempo
ya de que los europeos lograsen sus ventajas. Varias expediciones habían sido ya despachadas para la India desde Portugal, después del regreso de Vasco de Gama, y en 1504 alcanzaron a no menos de cuatro; el 23 de marzo del año siguiente partía de Lisboa, en medio de las clamorosas aclamaciones de la multitud, la de Francisco de Almeida, la más grande de las que hasta entonces se hubiera equipado, como que constaba de no menos de veinte navíos, a cuyo bordo llevaba 1,500 soldados, 200 artilleros y 400 marineros de los que en el lenguaje español se llamaban en aquel tiempo «entretenidos», que vale supernumerarios.


Los cronistas e historiadores, al paso que unánimemente establecen
que Magallanes debió formar parte de esa expedición, se ven forzados a reconocer que su nombre no aparece entre aquellos soldados a quienes les cupo alguna notoriedad en las múltiples acciones de guerra en que Almeida y sus capitanes tomaron parte, ya en Quiloa, adonde llegó la escuadra a fondear, ya en el asalto de la ciudad de Mombaza; ya en Cananor, adonde se desembarcó el 22 de octubre; ya, en fin, en su arribo a Cochín, asiento del Gobierno colonial portugués y principal centro del comercio con aquellos países.

Serrano y la batalla naval de Cananor

En el gran combate naval librado en Cananor, en que las armas portuguesas, en marzo de 1506, al mando de don Lorenzo de Almeida, el hijo mayor del Virrey, destruyeron la flota del Zamorim de Calicut, que había pretendido sorprenderle, se sabe que se distinguió Francisco Serrano, el gran amigo de Hernando de Magallanes, pero sin que de éste se haga todavía mención alguna. Probablemente porque el puesto
que ocupaba era muy secundario en el ejército.

Hernando de Magallanes luchando contra las fuerzas musulmanas
Los enfrentamientos entre las fuerzas portuguesas y las del Zamorim de Calicut

Para hallar esa primera mención de Magallanes en los fastos militares de los portugueses, es necesario que sigamos el derrotero de la expedición que el Virrey Almeida despachó en ese mismo año de 1506, a las órdenes de Ñuño Vaz Pereira, para restablecer el orden alterado en Quiloa y seguir de allí a reconstruir la fortaleza de Sofala en África.

Lo que hizo en efecto, viéndose obligado a permanecer en ella durante varios meses, a causa de haberse pasado la ocasión de coger los vientos favorables para su regreso.

No se sabe de cierto, si bien es fácil de presumirlo, que Hernando de Magallanes acompañase a Vaz Pereira en su regreso a Cochín y de allí hasta Ceilán, para incorporarse a la armada que Almeida juntaba en ese entonces para vengar la muerte de su hijo don Lorenzo, que había perecido heroicamente en Chaul, combatiendo contra las flotas del Sultán de Egipto y
del Gobernador de Diu reunidas.

Encontráronse las dos escuadras, aunque de fuerzas muy desiguales, por la inferioridad de la portuguesa, frente a la ciudad de Daboul, y combatieron durante los días 2 y 3 de febrero de 1509, hasta obtener uno de los triunfos más brillantes para ésta que registran los anales de la India.

Magallanes fue herido en la batalla contra la nave capitana egipcia

En la nave llamada Espíritu Santo, mandada por Vaz Pereira, a quien le tocó pelear con la almiranta de los egipcios, y que pereció en la refriega, consta que se hallaba también Hernando de Magallanes, que salió herido.

El 8 de marzo se hallaba de regreso en Cochín el Virrey Almeida. Sábese también de cierto, que habiendo enviado éste a una nave mandada por García de Sousa a reunirse a la flotilla que tenía a sus órdenes Diego López de Sequeira, se embarcaron en ella Magallanes y Francisco Serrano, allá mediado aquel año de 1509.

La escuadrilla de Sequeira, compuesta de cuatro naves de 150 toneladas y de una taforea o barca grande, llegada a Cochín el día 21 de abril, tenía por principal objetivo el reconocimiento de Malaca, si bien, según otros, habría sido el de explorar la isla de Madagascar, y lo cierto es que, habiendo podido hacerse a la vela desde Cochín sólo el 19 de agosto de ese año (1509), después de recorrer las costas de Ceilán, hizo rumbo en derechura al extremo norte de Sumatra, y después de haber celebrado paces con los habitantes de la ciudad de Pacem, cercana de allí, y costear gran parte de aquella isla, llegó al fondeadero de Malaca el 11 de septiembre.

Mapa de como era la ciudad cuando Hernando de Magallanes la visito por primera vez.
Ciudad de Malaca en tiempos de Magallanes

Al tercer día de su llegada, el Rey consintió en recibir a los marinos portugueses, que luego solicitaron el que se les permitiese cargar sus naves de especias y marcharse lo más pronto, a fin de aprovecharse de los vientos del Este, antes de que pasase su estación.

Magallanes y la trampa de Malaca

Así se convino, y al efecto, Sequeira envió a tierra en las chalupas, a Francisco Serrano con la gente que pudo caber en ellas, quedando a bordo muy pocos tripulantes: circunstancia prevista por los indígenas para apoderarse de las naves, como de hecho trataron de efectuarlo.

Sospechando lo que pasaba, el capitán García de Sousa, que quedó a bordo, logró echar de las naves a los indígenas que habían logrado subir a ellas, y despachó inmediatamente a tierra, en la única chalupa que quedaba, a Hernando de Magallanes, para que advirtiese a Sequeira del peligró que corrían, hallándole muy ajeno de lo que pasaba,
sentado a la mesa y rodeado de ocho indígenas, que sólo esperaban la
señal que debía darse del fuerte para caer sobre los portugueses.

Siguió se entonces una lucha encarnizada, en la que perecieron sesenta portugueses, y habrían corrido la misma suerte Serrano y los demás, a no haber logrado llegar a la playa y embarcarse, aunque sin armas, en la única chalupa que pudieron hallar, y ser auxiliados por Hernando de Magallanes y Ñuño Vaz de Castellobranco, que acudieron en su socorro.


De este hecho se ha deducido, con razón, que debió de producirse desde entonces la estrecha amistad que ligó de ahí en adelante a Magallanes y Serrano.

Fuera de los muertos, quedaron prisioneros en tierra no pocos de los
tripulantes de las naves de Sequeira. Ese primer reconocimiento de Malaca había resultado así un verdadero desastre, que pareció, es cierto, en
gran parte contrabalanceado por las preciosas informaciones náuticas que
se habían logrado y las noticias auténticas sobre la existencia del archipiélago de las Molucas.

Un repliegue atropellado

Precisamente de esa expedición, en la que habían participado Serrano y Magallanes y logrado esas informaciones, deducía Juan de Barros que había de provenir el gran perjuicio que a su patria se siguió más tarde.

Diremos aún, por lo que toca a Magallanes, que, según asienta López
de Castanheda, en el viaje de regreso libró de caer en manos de los juncos indígenas a la nave de Ñuño Godin, socorriéndola con la taforea en
unión de Castellobranco y de otros cuatro marinos.

Los tres navios de la escuadra, refiere Denucé, (el cuarto había en callado en la costa), regresaron a Travancore en el mes de enero. Sequeira, que se había alistado del lado de Almeida en su diferencia con Alburquerque,
tomó directamente el camino de Portugal; el navio de Texeira
y la taforea en que se hallaban Magallanes y Serrano, remontaron la costa hasta Cochín, adonde debieron llegar casi en el mismo momento que
Alburquerque, el nuevo virrey.

Magallanes pensó también regresar a su patria en la flotilla compuesta de tres naves que seguiría a la de Almeida. El navío de Gómez Freiré partió adelante de los otros dos; éstos (Magallanes estaba a bordo de uno de ellos) navegaron durante la noche en los peligrosos bajos de Padua y en ellos quedaron encallados.

Fernando de Magallanes surge como líder

Y este es el momento que se ofrece en la vida de Magallanes la primera muestra de la energía, del valor, de la constancia y del ascendiente sobre sus subordinados, que más tarde, andando los años, habían de permitirle llevar a cabo una de las empresas memorables, si las hubo, que recuerdan los anales de la historia.

De ese incidente dan cuenta todos los autores portugueses que han tratado de aquellos sucesos, con detalles más o menos prolijos.

«Contaban del [Magallanes] que saliendo dos navios de la India para venir a Portugal, en que venía embarcado, dieron en unos bajos, y que se perdieron, y que se salvó toda la gente y mucha parte de los bastimentos en los bateles, en una isleta que estaba cerca, desde donde acordaron que enviasen o fuesen a cierto punto de la India, que distaba algunas leguas, y porque no podían ir todos de una vez, hubo gran contienda sobre los que habían de ir en el primer viaje. Los capitanes, hidalgos y personas principales querían ir primero. Los marineros y la otra gente decían que no, sino ellos. Y vista por Hernando de Magallanes esta peligrosa porfía, dijo: «Vayan los capitanes y hidalgos, que yo me quedaré con los marineros, con tanto que nos juréis y deis la palabra de que luego en llegando enviaréis por nosotros > . Contentáronse los marineros y demás gente menuda de quedar con Hernando de Magallanes, y porque estaba en un batel cuando se querían ir, despidiéndose de los amigos, le dijo un marinero: «Oh! señor Magallanes, ¿No os prometisteis de quedar con nosotros?» Dijo que era verdad, y al momento saltó en tierra, y dijo: « Veisme aquí», y se quedó con ellos, mostrando ser hombre de esfuerzo y de verdad…»

Antonio de Herrera

Los hidalgos cumplieron su palabra

Los hidalgos cumplieron su palabra, habiendo Alburquerque enviado
a recoger a los náufragos y llevádolos en seguida de Cananor a Goa, ciudad que había ocupado el 10 de febrero de 1510 y evacuado luego después el 30 de mayo.

No hay antecedentes que prueben la presencia de Hernando de Magallanes en esta ciudad, pero sí se sabe de manera indubitable que fue de los que en el consejo celebrado en Cochín el 10 de octubre de aquel año, manifestaron una opinión adversa respecto al proyecto que abrigaba el Virrey de volver a atacar a Goa, fundada en consideraciones náuticas de tal verdad, que prueban que conocía mejor que los consejeros de Alburquerque las condiciones climáticas de aquellas regiones.

Fue así cómo, siguiendo su dictamen, los capitanes de los navíos mercantes los reservaron para la carga de especias. De aquí que se haya sospechado, no sin razón al parecer, que el Virrey llevara a mal aquella opinión y fuera causa de informes poco favorables a Hernando de Magallanes enviados a la corte.

Era lógico, después de eso, que Hernando de Magallanes no figurase entre los asaltantes de aquella ciudad, y así parece demostrarlo el hecho de que su nombre no aparezca en ninguna lista de la gente de cierta suposición que han llegado hasta nosotros.

Magallanes participó en el consejo del Virrey

Su participación en el consejo para resolver el concurso de las naves solicitado por el Virrey, demuestra que había salido por entonces del grupo numeroso de los desconocidos y entrado en un puesto más alto que el que llevara de Portugal, logrando así, por sus hechos y su conducta, cierta posición militar, en ocasión con visos de gloria.

Pero eso no era el único objetivo de su ida a las lejanas tierras de la India, como no lo era, sin duda alguna, de ninguno de los que emprendían esa jornada; era necesario hacer también algo por el adelantamiento de su fortuna, y en ello le hallamos empeñado en las vísperas de la celebración de aquella especie de consejo de guerra en que con tanta independencia de criterio, a la vez que con tan buenas razones, emitió sus opiniones.

Consta, en efecto, que por ese entonces y aun desde antes, había emprendido algunas negociaciones comerciales16, de una de las cuales
nos ha quedado testimonio en un contrato que celebró con Pedro Atines
Abraldez
, en 2 de octubre de 1510, esto es, ocho días antes de la junta
de notables a que hemos hecho referencia.

Según ese contrato, Magallanes ponía en manos de su socio la suma de cien cruzados y diez portugueses, 17 debiendo recibir por ellos en Portugal 200 cruzados o una suma equivalente a veinte quintales de pimienta que debían embarcarse en el navío nombrado Santa Cruz, en el cual ha
bía también de partir Hernando de Magallanes. Se estipulaba asimismo que en otra nave podría cargar mercaderías hasta por valor de 40 cruzados. Ya veremos más adelante el fin que tuvo la negociación.

No pudo regresar tan pronto como quiso

Su viaje de regreso a la patria no logró, sin embargo, verificarlo tan pronto como pudo creerlo. Hacia fines de marzo de 1511 salía de Goa una escuadra numerosa, con intento de ir a fundar un fuerte en Aden, en el Mar Rojo, objetivo que hubo de cambiarse a poco, por causa de los vientos contrarios que soplaron a las naves, por el de la conquista de Malaca.

En ella había de embarcarse Magallanes, sin que se sepa a punto fijo si como militar o como simple hombre de negocios, si bien tenemos por más probable lo primero. Aquella escuadra, después de tocar en la isla de Sumatra, se presentaba frente a Malaca el 1 de julio de aquel año.

imagen de la Isla de Sumatra tal y como la vio Magallanes
Isla de Sumatra

Después de rudos combates y de un asedio que duró seis semanas,
caía en poder del Virrey Alburquerque, junto con un inmenso botín y con
los resultados que era de esperarse para la supremacía comercial de Portugal en el Oriente, como centro que era de la contratación de todos los
preciosos productos de aquellas regiones.

Son muchos los historiadores que hablan de haberse hallado Magallanes en aquella acción de guerra, sin que falte alguno que asevere que se condujo en ella como muy buen soldado.

¿Fue Magallanes a las Molucas?

¿Qué rumbo tomó en seguida Magallanes? Varios son los autores que aseveran que figuró, —-y aún en lugar prominente— en la expedición
despachada por Alburquerque en busca de las Molucas y que partió de
Malaca al finalizar el año de 1511 al mando de Antonio de Abreuy llevan
do como capitanes de las dos naves restantes de que se componía la escuadrilla, a Francisco Serrano y Simón Alfonso Bisagudo.

Mapa portugués de las islas Molucas
Mapa portugués de las islas Molucas

Establecida, sin lugar a dudas esta distribución de las capitanías, viene de por sí al suelo la aserción de haber actuado en ella Magallanes en semejante carácter.

El dato de Argensola no basta de por sí a establecerla, tanto más cuanto es
sabido que en alguna ocasión ha incurrido en error grave en su relación
del viaje posterior de descubrimiento de Magallanes, como por ejemplo, el haber declarado que Esteban Gómez y los tripulantes de la San
Antonio, en su viaje de regreso a España, recogieron a Juan de Cartagena y a su compañero de destierro de la bahía de San Julián.

Es de notar, además, que los historiadores primitivos de Portugal, entre ellos el minucioso Castanheda, que estuvo en situación de conocer mucho
mejor que aquél sus correrías por la India, ni Correa, ni Goes, ni
Barros, ni Galvao digan una palabra de la presencia de Magallanes en
semejante jornada.

Algún argumento pudiera hallarse para la afirmativa, en el hecho de
que Magallanes, en el Memorial que presentó al Consejo de Indias antes
de su partida de Sevilla en 1519, después de mencionar el puerto de Malaca y la situación geográfica en que se hallaba, recuerde también las Molucas, diciendo su número y la posición que tenían.

Las pruebas de su estancia en las Molucas no son concluyentes

Pero ¿por esa sola circunstancia hemos de concluir que había estado en ellas? SÍ falta el comprobante de su presencia en aquella expedición, ¿no es más de presumir que el conocimiento que demostraba poseer de aquellas islas, lo obtuviese por conducto de su amigo Francisco Serrano, que había permanecido en ellas durante largos años, y con quien se sabe que mantuvo activa y continuada correspondencia?

Y a su tiempo veremos también que el cartógrafo Pedro Reinel, con quien intimó más tarde, pudo proporcionarle un mapa de aquellas islas. De aquel hecho nos ha dejado testimonio nada menos que Antonio Pigafetta, quien, además de haber hecho el viaje con Magallanes y tratádole bien de cerca, nos dice :

«Que desde la época en que Magallanes se encontraba en Malaca, había sabido por cartas de Serrano, establecido en Tadore, que existía allí un comercio ventajoso que hacer. »

Antonio Pigafetta

De ese modo pudo, pues, Magallanes imponerse de la situación de las Molucas, sin haber aportado jamás, por consiguiente, a ellas, y lo que es más preciso y concordante con los antecedentes comprobados de su vida, desde Malaca, donde, a nuestro entender y por lo que se ha visto, debió de permanecer desde su toma por las armas portuguesas.

¿Hasta cuándo permaneció en esa ciudad? Durante muchos años y a
contar desde que Fernández de Navarrete exhibió un apunte de D. Juan
Bautista Muñoz, tomado en los archivos portugueses, según el cual, en los
libros de moradías de la Casa Real, aparece firmando un recibo en 12 de
junio de 1512, por su salario de mozo fidalgo, un Fernam Magalháes, que se ha creído era nuestro navegante.

La firma no coincide

Si así fuese, tendríamos comprobado de manera que no daría lugar a dudas, que no pudo figurar en la expedición a las Molucas, iniciada, como queda dicho, en diciembre de 1511, no siendo factible, por falta de tiempo, que hubiese ido en aquella jornada y se encontrase seis meses después en Portugal.

Pero tal prueba no es admisible hoy en día, por cuanto la firma con ese nombre es total mente diversa a las que se conocen como auténticas del navegante.

En ese recibo, además, se dice que el firmante era hijo de Pero de Magalháes, y bien sabemos que el padre del navegante se llamó Ruy o
Rodrigo.

El hecho es que, después de haber permanecido en Malaca durante un
tiempo que es imposible precisar, consta que ha debido trasladarse a
Cochín, dónde se embarcó para Portugal en la nave llamada Santa Cruz,
de que era capitán Jorge Llopes, y que en ella cargó ciertas mercaderías
de su propiedad.

La fecha exacta de su partida, la ignoramos. Si hemos de prestar fe a lo que refería Pedro Mártir, la estancia de Magallanes en la India habría durado siete años,26 y como sabemos que su partida de

Portugal tuvo lugar en 1505, su viaje de regreso lo habría verificado en
1512 o 1513, deducción que, en efecto, de manera indirecta pero no
menos concluyente, aparece comprobada con un documento emanado de
su propia mano, como lo vamos a ver.

Fuente: Extraído de la obra del celebre José Toribio Medina,Coleccion de Documentos Inéditos Para La Historia de Chile Desde El Viaje de Magallanes Hasta La Batalla de Maipo, 1518-1818. http://www.memoriachilena.gob.cl