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Misión Gemini: Gemelos en el cielo

Carrera espacial

“Primero, de forma inevitable, aparece la idea, la fantasía, el cuento; luego, el cálculo científico; por último, el cumplimiento corona el sueño”.

Konstantin Tsiolkovsky, teórico espacial ruso, 1926

Un encuentro espacial con otra nave en la inmensidad del espacio

El 11 de agosto de 1962, dos años antes de la primera misión Gemini tripulada, el cosmonauta soviético Andrian Nikolayev fue lanzado en el mismo modelo de cápsula Vostok que había llevado a Yuri Gagarin a los libros de historia.

Al día siguiente, Pavel Popovivh se subió en otra Vostok. Por primera vez, dos personas estuvieron en el espacio simultáneamente en diferentes naves. Los lanzamientos fueron cronometrados de manera que la segunda Vostok se colocara a pocos kilómetros de la primera: un tiro al pichón cósmico que sirvió para que la propaganda soviética hablara por primera vez de encuentro espacial.

Las dos naves se separaron la una de la otra y no lograron reunirse de nuevo al carecer de propulsores de maniobra. Con todo, las apariencias eran lo más importante por aquel entonces. Muchos técnicos espaciales de Occidente llegaron a creer que los soviéticos estaban capacitados para llevar a cabo encuentros orbitales.

Para llegar a alcanzar Apolo primero toca consolidar Gemini…

Las naves espaciales Gemini eran puestas en órbita por misiles TITAN modificados que habían sido concebidos originariamente para llevar cabezas nucleares. Al igual que los norteamericanos, los soviéticos también convirtieron misiles en cohetes lanzadores.

La nave biplaza Gemini fue la más deportiva de la NASA, con puertas de ala de gaviota para los paseos espaciales (o escapes por eyección) y una compleja disposición de propulsores. Asimismo, fue el primer vehículo espacial en incorporar un ordenador integrado para calcular el lanzamiento de cohetes. No es que el ordenador estuviera a la altura de los estándares modernos, sino que ni siquiera el astronauta de la Gemini John Young le otorgaba un mínimo margen de confianza: » Imagínese una caja con un montón de perchas dobladas en todas las direcciones. Se trataba básicamente de un cableado que conectaba miles de transistores individuales, con minúsculos electroimanes para nodos de memoria; algo muy rudimentario en comparación con los microprocesadores actuales». Aun así, este ordenador básico, con el equivalente de menos de 16 kB de memoria, permitió a la Gemini modificar órbitas y localizar otros vehículos para el acoplamiento, la más importante de todas las maniobras espaciales. Los astronautas de la NASA necesitaban practicar los acoplamientos antes de las misiones lunares, y Gemini fue su herramienta docente.

Las máquinas rinden mejor que los humanos

El 23 de marzo de 1965, tras dos lanzamientos no tripulados satisfactorios la Gemini III despegó con Virgil “Gus” Grissom y John Young a bordo para un test orbital de cinco horas de su “Gusmobile”.

En este primer viaje de la cápsula, como se pudo comprobar, las máquinas rindieron mejor que los humanos. Con todo, el Centro de Control de Misión no se fiaba del nuevo ordenador de la Gemini. A Grissom se le había ordenado no utilizarlo para el reingreso si las pantallas de a bordo no coincidían con los cálculos previos de la NASA del lugar en que la cápsula debía amerizar; por lo tanto, en vista de que los datos del ordenador no coincidían con los de la NASA, Grissom lo apagó, y la Gemini III se precipitó en el Atlántico a más de 100 km del barco de rescate más cercano.

«Al cabo de unos cuantos días, cuando la NASA revisó los cálculos, nos dimos cuenta de que si le hubiéramos hecho caso al ordenador, habríamos aparcado en nuestra cápsula justo al lado del barco de rescate «.

Young

En junio de 1965, Ed White, copiloto de Jim McDivitt, llevó acabo el primer paseo espacial de la historia de Estados Unidos desde la Gemini IV al flotar en el exterior de la cápsula durante media hora, en la que solo estuvo conectado por un delgado cordón umbilical. “¡Qué pasada! ¡No quiero volver adentro! «, dijo. Y la verdad es que volver a entrar en la Gemini se le hizo difícil, pues el traje se había hinchado, pero al final lo consiguió.

Primeros pasos para un acoplamiento en el espacio

En diciembre de 1965, los astronautas de la Gemini VI Jim Stafford y Wally Schirra dirigieron su nave hasta situar su nariz frente a la de la Gemini VII y lograron ver cómo Jim Lovell y Frank Borman les sonreían a través de las ventanas de la otra nave. 

Más tarde, Schirra afirmó:

“Los rusos jamás efectuaron encuentros. Lo suyo fue solo una mirada pasajera, como cuando desde un automóvil se ve a una chica guapa por la acera antes de que el tráfico pase por delante de ella zumbando. Con la Gemini logramos parar el tráfico y saludarla. A esto sí que se le puede llamar encuentro”.

Schirra

Un acoplamiento peligroso y el comienzo de una leyenda

Neil Armstrong y Dave Scott despegaron a bordo de la Gemini VIII el 16 de marzo de 1966 para encontrarse con un vehículo no tripulado Agena lanzado antes que ellos.

Armstrong condujo la nave en el primer acoplamiento de la historia. Al cabo de unos momentos, afirmó: ”Tenemos problemas serios! ¡Estamos dando volteretas de un extremo a otro!” Armstrong apartó la cápsula del Agena inmediatamente, pero las volteretas y sacudidas eran cada vez mayores. Un propulsor se había bloqueado en la posición “on”, y la Gemini VIII comenzó a girar violentamente fuera de control. Armstrong y Scott apenas podían permanecer conscientes. Armstrong tomó una audaz decisión y cortó la corriente de todos los propulsores del acoplamiento y de control con el objetivo de desactivar el propulsor rebelde, lo que funcionó, si bien lo único que le quedó en funcionamiento fueron los pequeños propulsores de control de reingreso.

Tras recuperar el control de la nave, Armstrong se percató de que apenas tenía combustible, por lo que tuvo que realizar un amerizaje de emergencia con el poco que le quedaba. Esta espectacular actuación le valió ser considerado como el hombre más capaz de conservar la sangre fría en una potencial misión a la Luna.

“Si morimos, queremos que la gente lo acepte. Tenemos un oficio arriesgado”.

Virgil “Gus” Grissom, astronauta, marzo de 1965

No es cosa fácil.

Las misiones Gemini sufrieron más de un drama. Así, por ejemplo, Tom Stafford y Gene Cernan volaron con la Gemini IX en junio de 1966, y cuando alcanzaron el vehículo de destino se dieron cuenta de que la cubierta protectora de su nariz no se había separado bien y había bloqueado el adaptador de acoplamiento. Stafford describió la maltrecha nave como un “caimán enfadado”.

También hubo éxitos, sin embargo. En las misiones Gemini se practicaron técnicas de encuentro y de acoplamiento que hoy son esenciales para cualquier misión en la que intervenga más de una nave. Las Gemini contribuyeron a solucionar los problemas de los paseos espaciales, que se volvieron menos agotadores y más productivos gracias a la construcción de agarres para las manos y reposapiés en lugares estratégicos.