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Tras la última frontera

LA EXPEDICIÓN DE JOFRE DE LOAÍSA

EL ÚLTIMO VIAJE DE JUAN SEBASTIÁN ELCANO

La expedición de Loaísa

Por desgracia hay veces que el esfuerzo, el tesón y el saber hacer no son suficientes para garantizar el éxito de una Expedición: la conocida como la expedición de Loaísa o guerra de las Islas de las Molucas (Maluco).

Todos los amantes de las hazañas de la exploración y búsqueda de las últimas fronteras sabemos que la suerte juega un papel importante cuando te lanzas a lo desconocido. En este caso, la expedición de Loaísa, no contaría con ella. Esta expedición tuvo que seguir adelante durante varios años sin su comandante en jefe. Es cierto que hicieron muchos descubrimientos, pero no lo es menos que serían recordados por la guerra librada contra Portugal en aquel pequeño rincón de Asia, las islas Molucas.

En esta imagen podemos ver una una carta náutica de las islas Molucas
Las islas Molucas eran el objetivo final de la expedición de Loaísa. Fuente https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4661436

En expedición de Loaísa todos fueron valientes por tierra y por mar

Estos hombres fueron unos valientes, pues se lanzaron a lo desconocido con los conocimientos técnicos propios de la época, cartas de navegación imprecisas y con poca información. A esto hay que sumarle que, casi sin recursos, lo que quedaba de la expedición llegó a su objetivo. Sería aquí, en las Islas de las Especias, donde se enfrentarían a un enemigo de su talla, mucho mejor aprovisionado y con mejores comunicaciones con su patria.


La Armada, otra cara de la diplomacia.

La proeza realizada por Juan Sebastián Elcano avivó los ánimos de la Corte y del propio Carlos I de hacerse con las Islas de las Especias. Tanto fue así, que no se tardó en crear una nueva Casa de la Contratación en Coruña. Los portugueses recelaban de los avances españoles y temían poder perder el monopolio de las especies.

Carlos I mandaría una delegación diplomática a Lisboa que promovía el preparar dos naves que marcharían juntas hasta las Islas Molucas con una comisión de cada nación. Estas comisiones, una vez sobre el terreno, tendrían que dilucidar la fronteras entre cada nación tal y como se marcaba en el tratado de Tordesillas de 1494.

El monarca español propuso el parar todos sus proyectos sobre las Islas Molucas a cambio de que Portugal hiciera los mismo en Malaca. la respuesta de Portugal fue negativa, lo que no sentó bien en Madrid e hizo que Carlos I insistiera hasta conseguir que el rey de Portugal aceptara enviar una comisión a Vitoria. El 19 de febrero de 1524 acabaría esta primera reunión sin acuerdo y las partes se convocarían para otras que se celebrarían en zonas más próximas a Portugal.

Se ve sentado en el trono a Carlos I de España. El patrocinador de la expedición de Loaísa.
Carlos I de España, impulsor de la expedición de Loaísa. Fuente Retrato de Carlos V sentado, por Tiziano (c. 1548). Óleo sobre lienzo, 205 x 122 cm. Pinacoteca Antigua de Múnich.

Una comisión de altura

Carlos I no quería dejar nada al azar el fruto de estas comisiones, así que nombró como representantes a lo mejor de la época. Esta comisión estuvo compuesta por:

  • Juan Sebastían Elcano.
  • Fray Tomás Durán.
  • Simón de Alcazaba.
  • El doctor Salaya.
  • Pedro Ruíz de Villegas.

A pesar de ser los mejores con los su majestad podía contar, quiso avisarles de que se reunieran con anterioridad a la comisión y consensuaran una opinión. Como decía su majestad, que hablaran por una boca. Eso sí, a pesar de la buena voluntad, el 31 de mayo de 1524 se cerraron las conversaciones con un absoluto fracaso.

Lo imprevisto de este fracaso obligó a tomar una decisión rápida. No podían seguir perdiendo tiempo, pues con cada día que pasaba la posición portuguesa se hacía más fuerte. Había que armar una Armada lo suficientemente fuerte para cruzar el estrecho de Magallanes, tomar las Islas Molucas, dejar un presidio y volver a la Península.

La flota de la Expedición de Loaísa

La armada de la expedición de Loaísa para reclamar las islas de las Especies se compuso de las siguientes siete naves:

  • La Santa María de la Victoria, fue la nave capitana de la expedición (300 toneles)
  • El Sancti Spiritus, esta nave de 200 toneles estaba al mando de Don Juan Sebastián Elcano (el piloto mayor).
  • La Anunciada,de unos 170 toneles estaba al mando de Don Pedro de Vera.
  • La San Gabriel que al mando de Don Rodrigo de Acuña tenía una capacidad de 130 toneles.
  • La Santa María del Parral de 80 toneles, estaba bajo el mando de Don Jorge Manrique de Nájera.
  • La San Lesmes, que con 80 toneles estuvo comandada por Don Francisco de Hoces.
  • La Santiago era el patache de la agrupación con una capacidad de 50 toneles. Estaba bajo el mando de Santiago de Guevara.

Fray Francisco José García Jofre de Loaísa

Fray Francisco José García Jofre de Loaísa era natural de Ciudad Real y pertenecía a una de las grandes familias de la nobleza castellana. Su hermano Francisco García de Loysa fue confesor de Carlos I, obispo de Osma y provincial de los dominicos. Así que podemos decir que tenía buenos contactos en la Corte. Su formación fue la propia de un Caballero de la época, ingresando en la orden de los Caballeros de Malta (Orden de San Juan). Dentro de esta orden, Francisco José llegaría a ser comendador de Barbales.

La carrera de Jofre daría un salto al servicio de Carlos I, para el que iría ocupando cargos importantes hasta que en 1524 fue elegido como Capitán General. Sería el Comandante en jefe de la Flota encargada de reivindicar las Islas Molucas para la Corona. José García Jofre disfrutaba de un gran prestigio en la corte. Tanto es así que Carlos I lo nombró Gobernador y justicia mayor de las Islas Molucas, lo que podemos entender como un virrey para aquellos nuevos territorios.

buen caballero y persona de experiencia en la guerra de la mar y de la tierra”.

Fernández de Oviedo

Nombrado Capitán General por Carlos I

En este primer extracto podemos observar como se explica el propósito de la misión y el porqué de elegir a Loaísa como Capitán General. También se le nombra como el responsable de mantener el orden y gobernar aquellas tierras en nombre de su majestad.

Por cuanto Nos mandamos ir al presente una armada a la continuación y contratación de la especiería a las nuestras islas de Maluco, donde habemos mandado que se haga el asiento y casas de contratación, que para el trato de ellas y de las naos que de presente van en la dicha armada, y hemos de proveer de nuestro gobernador y capitán general de la dicha armada y de las dichas islas de Maluco, e tierras, e provincias de ellas, e de oficiales nuestros que con él residan, que vayan e anden en la dicha armada,

Por ende acatando la persona y experiencia de vos Frey García de Loaisa, Comendador de la orden de S. Juan, que sois tal persona que guardareis nuestro servicio, e que bien y fielmente entenderéis en lo que por Nos vos fuere mandado y encomendado, es nuestra merced y voluntad de vos nombrar, y por la presente vos nombramos por nuestro Capitán general de la dicha armada, desde que con la bendición de nuestro Señor se haga a la vela en la ciudad de La Coruña, hasta llegar a las dichas islas, porque a la vuelta que venga la dicha armada, ha de venir por nuestro Capitán general de ella la persona que por Nos fuere mandado,

E vos habéis de quedar en las dichas islas para tener la gobernación de ellas: y asimismo vos nombramos por nuestro Gobernador y Capitán General de las dichas islas del Maluco, e hayáis y tengáis la nuestra justicia cevil e criminal en la dicha armada, y en las dichas islas e tierras de Maluco, así de naturales dellas, como de otras cualesquier personas, así de nuestros reinos e señoríos, como de fuera dellos que en ellas estuvieren, e de aquí adelante a ellas fueren, e de las que fueren y anduvieren en la dicha armada.

Nombramiento de Fray Francisco José García Jofre de Loaísa por Carlos I

Su majestad ordena que vayan los mejores

E por esta nuestra carta mandamos al presidente, y los del nuestro Consejo de las Indias, que luego que con ella fueren requeridos, tomen e reciban de vos el dicho Comendador Frey García de Loaisa el juramento y solenidad que en tal caso se requiere, e debeis hacer; el cual así fecho, mandamos a los capitanes y oficiales y maestres y contramaestres, pilotos, e marineros, e otras cualesquier personas e gente que en la dicha armada fueren o en las dichas tierras estuvieren, y con vos residieren, y a ellas fueren, que vos hayan, reciban y tengan por nuestro Gobernador y Capitán general, y Justicia mayor de las dichas tierras, e usen con vos, e con los dichos lugartenientes en los dichos oficios por el dicho tiempo que nuestra merced y voluntad fuere,

E como tal vos acaten, y obedezcan, y cumplan vuestros mandamientos, so la pena e penas, que vos de nuestra parte les pusiéredes y mandéredes poner; las cuales Nos por la presente les ponemos, e habemos por puestas, e vos damos poder y facultad para las ejecutar en sus personas e bienes.

Nombramiento de Fray Francisco José García Jofre de Loaísa por Carlos I

El Salario que cobrará Loaísa

Y es nuestra merced, y mandamos, que hayáis, e lleveis de salario en cada un año de los que ansi vos ocupáredes en lo susodicho, contando desde el día que la dicha armada se hiciere a la vela con la bendición de nuestro Señor en la ciudad de la Coruña, hasta que en buena hora volváis a ella, dos mil e novecientos ducados, que montan un cuento y noventa y cuatro mil y quinientos maravedís, los cuales mandamos a los nuestros oficiales, que residen en la dicha ciudad de la Coruña en la Casa de Contratación de la especiería,

Que vos den y paguen en esta manera: los ciento cincuenta mil maravedís luego adelantados, que es nuestra merced de vos mandar dar con que vos adecereis, y proveais de las cosas necesarias para el viage, y lo restante, que se montare en vuestro salario a razón de los dichos un cuento y noventa y cuatro mil y quinientos maravedís por año, a la vuelta que volváis a estos Reinos en llegando a ellos en la dicha Casa de la Contratación de la especiería, sin nos pedir nueva libranza para ello, solamente por virtud de esta nuestra provision y asimismo que podáis traer en cada armada de las que vinieren, entretanto que vos estuviéredes en aquellas partes en el dicho cargo e gobernación, quince quintales de especiería, y la mitad sobre cubierta, y la otra mitad debajo de cubierta, y ocho cajas ansi mismo sobre cubierta.

Y otrosí, por esta nuestra carta mandamos a los dichos nuestros oficiales de la Coruña, que luego que vos paguen quinientos ducados, que es nuestra merced de vos mandar de ayuda de costa, a costa de toda la dicha armada, habiendo respeto a lo que os habéis ocupado, y habéis de ocupar ante que la dicha armada parta, con que vos podáis mejor aderezar demás de los ciento y cincuenta mil maravedís, que vos mandamos de dar en cuenta de vuestro salario.


Dada en la villa de Madrid a cinco días del mes de Abril, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil e quinientos e veinte y cinco años.

Nombramiento de Fray Francisco José García Jofre de Loaísa por Carlos I

¿Por qué se nombra a Loaísa como jefe de la expedición?

Lo cierto es que se desconoce que Francisco José García Jofre de Loaísa tuviera una experiencia reseñable en asuntos de la mar. Aunque al ser un destacado miembro de la orden de San Juan se asume que algo de experiencia por el mar Mediterráneo tendría. No hay que olvidar que su orden había sido derrotada y expulsada de la Isla de Rodas en 1522 por el sultán otomonano Soleiman.

Debido a la resistencia heroica mostrada por la orden, Carlos I le concedería a la orden la isla de Malta y Trípoli. El monarca quería mantener la lucha naval de esta orden contra el enemigo musulman, pues ahora que se habían perdido las últimas posiciones en Tierra Santa era más necesario mantener posiciones avanzadas.


¿Quién es Elcano para mandarme?

Es cierto y a nadie se le escapa que a pesar de los atributos de Loaísa este fue puesto al mando por ser noble. Este hecho era algo necesario, pues muchos de los miembros de la Armada no habrían aceptado el mando de Juan Sebastián Elcano. Éste era sin lugar a dudas el marino de mayor experiencia, de hecho el único que había ido a Moluco y vuelto. Desde el punto de vista del futuro asentamiento no era menos importante, pues él había comerciado ya con los nativos de aquellas islas y además sabía como operaban los portugueses.

En esta obra de zuloaga se ve a Juan Sebastián Elcano aguantando un plano con su mano derecha junto la que parece ser la ermita de su pueblo. Antes de partir como integrante de la expedición de Loaísa.
Cuadro de Elcano por Zuloaga Fuente:http://opendata.euskadi.eus/catalogo/-/euskal-herri-enblematikoa-enciclopedia-historia-maritima1/

Creo que Loaísa se merece que rompa una lanza en su favor. Es cierto que la navegación era muy importante, pero no era lo único. Establecer un virreinato no es cosa sencilla y requiere de muchas cosas; conocimientos, posición, don de gentes…

Entidad y composición de la Armada

En la expedición de Loaísa fueron embarcados al menos 450 hombres, la mayoría eran soldados bien armados y pertrechados. Los naves no iban menos preparadas, pues se sabía que habría conflictos. Si bien no se ha encontrado registro que describa las piezas y tipo de artillería de cada nave, parece lógico pensar que la nave capitana llevaría al menos 20 piezas. De estas, unas seis serían de gran potencia y peso. La tropa acompañaba sus armas blancas con arcabuces y ballestas.


En lo que respecta a la composición podemos decir que el grueso de la marinería se dividió entre andaluces, vascos, cántabros y gallegos. Para el resto de puestos se incluyeron alemanes, flamencos e italianos. De las naves se sabe que tres fueron construidas en Galicia y cuatro en Vascongadas.

Se cree que estas cuatro últimas se construyeron en Guipúzcoa por la influencia de Elcano. Tanta fue la implicación de Juan Sebastián Elcano con este proyecto que embarcó a tres de sus hermanos y al capitán Santiago (el cual era su cuñado).

Se sabe que además de los pertrechos para la guerra, la flota iba bien avituallada de toda clase de productos para comerciar con los nativos de las islas de las Especias. Entre los productos seleccionados para el comercio llevaban quincallería, buhonería, paños y lencería. Todos estos artículos tenían un gran valor para estos pueblos que no habían alcanzado el nivel tecnológico para desarrollarlos.

Llegar, llenar, volver y vuelta a empezar

El plan era que una vez realizados los intercambios con los indígenas algunas de las naves volverían a España con las bodegas repletas de especias. Sería necesario el mantener parte de la flota en las islas de Maluco para defenderse en caso de incursión portuguesa.

La expedición de Loaísa se hace a la mar

Con todos los pertrechos listos, la expedición se hizo a la mar el día 24 de julio de 1525, comenzando así en la Coruña una aventura que duraría más de 10 años.

La expedición de Loaísa llegaría a las islas Canarias sin mayores problemas. Para el día 1 de agosto de 1525 entraron en el puerto de La Gomera donde se prestaron a reponer todo cuanto pudieron; agua, carne, leña y otros enseres de primera necesidad.

En esta imagen se puede observar como la expedición de Loaísa se hace a la mar en el puerto de Coruña en 1525
Salida de la Expedición de Loaísa del puerto de La Coruña, el día 24 de julio de 1525. Fuente: The National Museum of Australia. Fuente Wikipedia

Durante esta primera quincena de agosto y antes de zarpar aprovecharon para reunirse los distintos capitanes donde planificaron el cruce del Atlántico. Conocedores de la facilidad de que con mala mar las naves solían perderse, decidieron marcar un punto de reunión previo al estrecho de Magallanes. Este punto convenido sería la bahía de todos los Santos (Brasil), donde esperarían unos 20 días. Llegado el caso de que ningún rezagado llegase a tiempo, se dejaría una cruz como señal en algún lugar visible. Al pie de esta habría enterrada una olla con la próxima parada.

Los primeros problemas

Tan solo cuatro días después de dejar la seguridad de La Gomera y, debido a la mala mar, los problemas comenzaron a sucederse. A la Santa María de la Victoria se le partió el mástil del mayor, pero las desgracias no acabarían ahí… Al día siguiente, mientras se realizaban las difíciles reparaciones, la averiada Santa María de la Victoria colisionó sin gobierno contra la Santa María del Parral.

Los daños fueron importantes, la popa estaba destrozada y el palo de mesana había caído. La tripulación tuvo que dar lo mejor de sí misma para mantener las naves en la expedición

A la caza del buque desconocido

A principios de septiembre, la ya magullada expedición llegó a las aguas de lo que hoy conocemos como Sierra Leona. Allí avistaron lo que pareció ser un buque con pabellón francés… ¿Qué hacían en estas aguas? Los franceses eran enemigos del emperador, había que apresarlos.

Se inicio un cacería que duraría todo el día tras este misterioso buque, este era esquivo y muy marinero, todo parecía perdido cuando el mismo Loaísa ordenó detener la expedición por miedo a que la flota se dispersase y perdiese. Un cañonazo fue la forma de transmisión de la orden, pero la San Gabriel y el patache Santiago hicieron oídos sordos continuando la persecución hasta que atraparon esta nave.

Eso sí, la búsqueda de gloria y de algo de actividad para salir de la rutina había creado más de un roce entre los capitanes de ambas embarcaciones. Don Rodrigo de Acuña se quería ganar el tanto que Santiago de Guevara había conseguido con su pequeña nave.

Se puede ver una reproducción de la Nao Victoria atracada mientra muestra los pabellones reales españoles
Reproducción de la Nao Victoria, la nao portuguesa apresada por la Expedición de Loaísa sería similar a esta . Autor Gnsin

La expedición llegaría a la isla de Annobon a mediados de octubre, en donde encontraron los restos de un antiguo asentamiento negrero portugués, el cual había sufrido una revuelta. Allí, además de naranjas, huevos, gallinas y palmitos encontraron los restos de los desdichados lusos que no pudieron contarlo.

Esta última escala antes de enfrentarse al Atlántico en busca de las costas americanas les sirvió para realizar las reparar las naves y arrestar al capitán del San Gabriel. El viaje empezaba a hacer mella y algunos hidalgos no llevaban bien el ser mandados por gente de menor alcurnica como Elcano.

La expedición de Loaísa alcanza las costas de América

Para el 5 de diciembre la expedición por fin vislumbró las costas americanas. Empezando a seguir la costa hacia el sur, los problemas surgieron el 28 de diciembre cuando la expedición fue atrapada por un temporal. La San Gabriel y la Capitana habían desaparecido.

Ante esta vicisitud, Juan Sebastián Elcano tomó el mando, y ordenó retroceder y buscar por tres días a la Santa María de la Victoria sin que la suerte le acompañase. Por lo que finalmente se decidió a seguir hacia el estrecho de Magallanes, queriendo pensar que la nave capitana se habría adelantado…

En esta imagen se ve el amanecer en el estrecho de Magallanes con un mar en calma
Imagen del estrecho de Magallanes que habría deseado la expedición de Loaísa. Fuente Wikipedia

Problemas en la cadena de mando

En enero de 1526 el grueso de cinco naves llegaría a las estribaciones del Río de Santa Cruz. En la expedición de Loaísa había mucho hidalgo con pretensiones y aquí fue donde Juan Sebastián Elcano recibió un toque de atención. Su mando era cuestionado y debía andarse con ojo si no quería sufrir una rebelión. Elcano había decidido esperar, pues consideraba que esta zona era segura para esperar a sus compañeros extraviados. El problema fue que el resto de capitanes no eran de la misma opinión, éstos exigieron dejar una señal y seguir hacia delante.

El problema surgió poco después cuando Elcano confundió la entrada al estrecho de Magallanes con la desembocadura del río Gallegos. Esto hizo que las naos encallaran, que si bien no les causó mayores daños les robó un tiempo precioso. Tras este percance, serían atrapados por un terrible temporal que les golpearía con dureza en el cabo de las Vírgenes.

Tal era la fuerza de los elementos que las naves fueron arrojadas contra las rocas. La Sancti Spiritus comandada por Elcano encalló. Otras se vieron obligadas a arrojar su artillería por la borda para poder salvar la situación que se había tornado desesperada.

Salvemos a los náufragos y sigamos

La situación empeoraba por momentos y dos días después les volvió a coger otro temporal. A pesar de las dificultades había que salvar a los náufragos de la Sancti Spiritus, entre los cuales se encontraba Andrés de Urdaneta. La suerte quiso sonreír al menos una vez a la expedición y mientras se realizaban las maniobras de salvamento se avistó a las naves que ya se habían dado por perdidas. Esto fue todo un golpe de moral.

Imagen de un joven Andrés de Urdaneta que sería uno de los pocos supervivientes de la expedición de Loaísa
Andrés de Urdaneta. Imagen realizada por Anarkor https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3400795

La expedición no tuvo mucho tiempo para disfrutar del reencuentro, pues la lucha contra los elementos se hacía cada vez más difícil. La Santa María de la Victoria estuvo garreando y sus numerosas anclas no fueron suficientes para darle ni un segundo de respiro. Está seguía tocando el fondo y la tripulación empezó a mirarse temiendo que la nave pudiera partirse.

El Pacífico se hacía esperar

Sobre el 10 de febrero, la Anunciada abandonó el grueso de la expedición, se cree que quiso llegar a las islas Molucas por la ruta portuguesa. Sea como fuere, nunca más se supo ni de la nave, ni de sus hombres.

Una cosa que siempre me ha llamado la atención es como los hombres más valientes, que se embarcaron en viajes casi suicidas, vieran con buenos ojos el irse solos a recorrer medio mundo… Además de inseguro, su majestad los castigaría por desertores, pero este es otro tema.

En este periplo la San Lesmes fue arrastrada por los fuertes vientos del temporal llegando al cabo de Hornos. La San Gabriel, al mando de Rodrigo de Acuña, abandonó a sus compañeros de expedición. Esta deserción hizo mucho daño a la expedición.

Rodrigo de Acuña se dirigió hacia Brasil donde fue atacada por tres buques franceses. En ese momento, Acuña cometió un error fatal y confió en el honor del enemigo francés. Había cogido un esquife y se dirigió a parlamentar con el comandante de la flota francesa, por lo que acabó capturado.

Los franceses aprovecharon la falta del capitán del buque español para atacarlo con fiereza. Sin embargo, la bien preparada tripulación pudo repeler este ataque y otro que sufrirían ya cerca de Galicia. Esta expedición llegó el 28 de mayo con apenas provisiones para cinco días más de navegación.

Solo nos quedan cuatro naves

La situación no era sencilla, pero aunque solo se disponía de cuatro naves y se había perdido parte de la artillería había que cumplir la misión. Hubo que realizar múltiples reparaciones, en especial a la nave capitana, a la cual hubo que reparar el timón y su estructura. Tuvieron que allanar la obra muerta para poder tener más garantías de superar los temporales. Todas las naves usaron su reservas de planchas de plomo, cintas de hierro y grandes tablones. Para finales de mayo de 1526 la expedición alcanzó el Cabo Deseado, llegando por fin al Océano Pacífico.

El Pacífico no hizo honor a su nombre

Lo que quedaba de la expedición de Loaísa sufrió un golpe mortal en forma de temporal. La intensidad fue tal que la flota de dispersó de manera definitiva el 2 de junio. Veamos la situación de cada uno de los componentes de la flota en ese momento:

El patache Santiago

Esta nave era demasiado pequeña como para llevar todo lo que necesitaba para cruzar el Pacífico. De hecho dependía de la nave capitana para llevar todas las provisiones e impedimentas necesarias.

Sólo, y sin seguridad de contactar con sus compañeros de expedición, el capitán tomó una decisión difícil que marcaría una hazaña digna de ser contada. Decidió remontar el continente americano por su vertiente occidental.

Con los tan solo 50 hombres que le quedaban de la dotación inicial cogería la corriente de Humboldt que le llevaría hasta el actual México (Nueva España) dando fondo en el golfo de Tehuantepec el 25 de julio de 1526, en una asombrosa navegación.

La nao San Lesmes

De la San Lesmes poco se sabe del destino de estos valientes. Lo más probable es que intentaran llegar a las islas Molucas. La verdad que pocos han sido los indicios, si bien en 1772, la fragata Magdalena hallaría una gran cruz muy antigua en las proximidades de Tahití. Se cree que en su búsqueda de las islas de las Especies dejaron su señal convenida, indicando al resto de la expedición cual era su situación. En 1929 fueron encontrados sus cañones en el atolón de Amanu. De ahí se cree que los supervivientes se integraron e influyeron en la cultura de las islas vecinas dejando al menos un rastro genético trazable. Aunque también hay versiones que defienden que consiguieron llegar a Nueva Zelanda.

Otra teoría de la aventura de la San Lesmes.

La nao Santa María del Parral

La Santa María del Parral no corrió mejor suerte… Se sabe que consiguió cruzar el Pacífico de manera extraordinaria y sufriendo incontables calamidades. Cuando todo parecía que había mejorado al llegar a las islas Celebes, muy cercanas a la Molucas, la dotación se amotinó. Una vez consumada por la turba el asesinato de Jorge Manrique de Nájera, el capitán, a su hermano y al tesorero, no podían volver, así que embarrancaron la nave en la isla de Sanguín.

El problema fue que no los recibieron como esperaban y los nativos les atacaron con fiereza. Los indígenas dieron muerte a muchos y esclavizaron al resto. Aunque aquí no acaba su historia….

La nao Santa María de la Victoria

La tripulación llevaba a estas alturas muchos meses haciendo de lo menos lo más para mantener a flote la nave. A pesar de todos estos esfuerzos consiguió cruzar el Pacífico a costa de estar en un estado calamitoso.

La nao hacía agua constantemente, lo que obligaba a la dotación a usar las bombas de manera constante. Además, la Santa María de la Victoria estaba hacinada. Como recordareis, llevaban consigo a gran parte de la dotación de Santi Spiritus, en total 145 almas que no tardarían en conocer a la enfermedad y la muerte. El escorbuto apareció para cobrarse su precio:

Toda esta gente que falleció, murió de crecerse las encías en tanta cantidad que no podían comer ninguna cosa y más de un dolor de pechos con esto; yo vi. sacar a un hombre tanto grosor de carne de las encías como un dedo, y al otro tenerlas crecidas como si no le hubieran hecho nada

Andrés de Urdaneta y Ceráin


Al menos fallecieron cuarenta hombres debido al escorbuto, si bien hay teorías que dicen que parte de estas muertes fue debida a la ingesta de peces coralinos, cuyas toxinas envenenaron los ya maltrechos cuerpos de la tripulación.

El 30 de julio fallecería el Capitán General de la Armada, Francisco José García Jofre de Loaísa. Juan Sebastián Elcano le sucedería con igual suerte, ya que fallecería el 6 de agosto. La expedición acababa de recibir un golpe mortal.

Dado lo desesperado de la situación, abortaron el plan inicial de ir hacia Japón para luego ir a las Molucas. No tardarían en avistar tierra, llegando a las islas Marianas donde la suerte les sonrió.

Hay gallegos hasta en la Luna

Un día ven atónitos como se les acerca una canoa con indígenas, de la que uno alza la voz sobre los otros y les pide en un castellano con acento gallego el Indulto Real. La perplejidad es máxima en la dotación, pues no daban crédito a sus ojos. Habían encontrado, ni más ni menos, que a Gonzalo de Vigo.

Gonzalo de Vigo, el naufrago que llevo la esperanza a la Expedición de loaísa.
Gonzalo de Vigo. Autor Luis Miguel Bugallo Sánchez (Lmbuga)

Gonzalo de Vigo era un desertor de la nao Trinidad de la anterior expedición de Magallanes y Elcano. Él consiguió sobrevivir y aprender la lengua de los nativos, lo que le permitió hacer de intérprete. Al poco de estar conversando empezaron a llegar canoas con patatas, arroz, pescado, cocos y todo tipo de frutas. Se inició un comercio con los indígenas que les salvó no sólo por los alimentos, sino que también echaron una mano con las bombas de achique.

La democracia en la milicia está sobrevalorada

La muerte de los Capitanes Generales se fue sucediendo demasiado deprisa, de tal manera que la sucesión por cadena de mando ya no estaba clara. Había dudas de si debía suceder Zarquizano o Hernando de Bustamante.

Estos dos marinos eran veteranos en la mar e incluso habían tomado parte en la expedición de Elcano y Magallanes. Alguien pensó que sería buena idea el usar papelitos para votar al nuevo Capitán General… Zarquizano fuera de sus cabales por la situación coge los papeles y los arroja por la borda comunicando a la dotación que él es el jefe.

La expedición de Loaísa siguió avanzando por Mindanao y Cebú. El único incidente que sufrieron fue la huida de los nativos que estaban ayudando a achicar el agua. El 22 de octubre consiguieron arribar a las islas Célebes, entablando amistad con su rey. Esta amistad se materializo entregándole al Rey de Talao una bandera con el escudo imperial a cambio de arroz, pescado, gallinas y cabras. El problema era que el rey indígena quería algo más, quería a los españoles de su lado en una guerra local. Ante esto los españoles lo dejaron pasar y siguieron con la expedición.

La guerra por las Molucas

A finales de octubre llegarían a las islas Molucas (isla de Gilolo). Aunque lo poco quedaba ya de la expedición de Loaísa fondearía días después en Zamaso. Tras 15 meses de navegación extrema habían conseguido llegar a las islas de las Especies. El precio que habían pagado era altísimo, de sus siete naves sólo una había llegado a su destino, la nave Capitana. La Santa María de la Victoria estaba destrozada y de sus 475 hombres iniciales, solo 105 habían conseguido llegar.

Los restos de la expedición de Loaísa había conseguido llegar a su objetivo, lo cual era el primer paso. Ahora tenían por delante una empresa mucho más difícil, hacerse con las islas. Creo que aunque se salga un poco de la temática de la exploración, estos hombres bien se merecen un homenaje y que su sacrificio sea conocido y reconocido. Por lo que en un próximo artículo os mostraré el devenir final de la sufrida Expedición de García Jofre Loaísa.

Conclusiones

Cuando uno investiga y lee las hazañas de estos hombres sabes que estaban hechos de otra pasta. La desvencijada expedición de Loaísa finalmente llegó a las Islas Molucas sin sus protagonistas, Loaísa y Elcano.

A pesar de haber perdido la mayoría de hombres y naves esos hombres sabían que tenían un deber y lucharon por él. Creo que una de las mayores lecciones que podemos aprender es la expedición de Loaísa es su tenacidad y honor. Creo que estos son unos atributos que quizás se estén infravalorando en nuestra sociedad…

¿Creéis que ha habido en los últimos años hazañas y sacrificio comparable? ¿Conoces de algún otro ejemplo que se merezca un reconocimiento? Cuéntamelo en los comentarios y nos vemos en el siguiente artículo…

Si quieres saber más