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Inés Suárez

La mirada femenina al otro lado del horizonte. Por J. Merino

Índice

    Inés Suárez: conquistadora de Chile

    Es de sobra conocido el papel que tuvieron grandes hombres de nuestra historia en la conquista y expansión hispánica en el continente americano. Nombres como Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Cabeza de Vaca, Núñez de Balboa y tantos otros nos hacen evocar episodios esenciales de la historia de España y de los países Hispanoamericanos. Sin embargo, poco se conoce del papel que las mujeres desempeñaron en aquellos momentos memorables, donde un horizonte nuevo se abría para Europa, siendo importantes varias de ellas. 

    En esta, y sucesivas publicaciones, iremos descubriendo nombres e historias de varias mujeres de armas tomar, cuya contribución a la historia mundial en nada desmerecen a la de cualquier hombre que, embarcando en la península, se jugó lo poco que tenía para llegar y sobrevivir en el Nuevo Continente.

    En las siguientes líneas desvelaremos la historia de una mujer que, por amor, dejó su Plasencia natal y puso rumbo a las Américas, y escribió páginas memorables en la Historia, tanto de España como de los territorios del actual Chile. Hablamos, por lo tanto, de Doña Inés Suárez.

    Los orígenes extremeños de Inés Suárez

    Nace en el año 1507 en Plasencia, localidad situada en el norte de la actual provincia extremeña de Cáceres. Su padre fallece antes del nacimiento, y es su abuelo, ebanista de profesión, quien se encarga de instruir a la joven Inés. Su madre, además, le enseña el oficio de costurera tanto a ella como a su hermana Asunción.

    Retrato de Inés Suarez
    Retrato de Inés Suárez Fuente: elconfidencial.com

    Pasa el tiempo, y cuando Inés cuenta con 19 años, se casa con el que sería su primer marido, Juan de Málaga, que parte al año siguiente de casarse hacia las nuevas tierras recién descubiertas al otro lado del Atlántico. Inés permanece en la península esperándole durante 10 años. Tras insistir tercamente, consigue el permiso debido para poder tomar un barco con destino a las Indias para buscar a Juan de Málaga. Desgraciadamente, Juan Había muerto unos meses antes de su llegada, por lo que al sr viuda, recibe la compensación que estaba legalmente establecida, asentándose en Cuzco en la parcela de tierra para cultivo que recibió.

    Llegada a América y comienzo de la leyenda

    En su asentamiento de Cuzco permanece por poco tiempo puesto que recibe noticias de la expedición que está organizando su paisano extremeño Pedro de Valdivia, para extender hacia el sur la influencia española, y explorar nuevas tierras. Inés decide enrolarse en esa aventura que parte de Cuzco en enero de 1540, pues ya había comenzado una relación sentimental con Pedro de Valdivia y decide seguirle como un miembro de la hueste más. Para que Inés pudiera acompañar a la expedición, el mismo Francisco Pizarro hubo de autorizarlo.

    Expedición de Pedro de Valdivia e Inés Suarez
    Expedición de Pedro de Valdivia. via

    Durante el viaje, Inés supo ganarse el favor de sus compañeros de viaje, pues la consideraban “mujer de extraordinario arrojo y lealtad, discreta, sensata y bondadosa, y disfrutaba de gran estima entre los conquistadores.” Acompañada de otros 150 españoles y alrededor de un millar de indios yanaconas, marchan en dirección sur, entrando en el desierto de Atacama, en el que había gran carencia tanto de pastos y forrajes para los animales, como de agua para hombres y bestias. Por ello, y para no esquilmar los pocos acuíferos avanzaban en pequeños grupos separados uno o dos días de marcha. 

    Una noche, estando ella en la tienda del jefe de la expedición, entró Pedro Sancho de Hoz con la intención de asesinar a Valdivia y quedarse con la jefatura de la expedición. Al no encontrarle, intentó disimular sus intenciones. Pero Inés las había comprendido a la perfección, y mientras entretenía a Sancho de Hoz, hizo llegar a Valdivia con uno de sus soldados leales, el mensaje de lo que ocurría. En cuanto llegó Pedro de Valdivia, arrestó a Sancho de Hoz, y le agradeció a Inés su lealtad. 

    Al llegar al valle de Copiapó, Pedro de Valdivia, en nombre de Su Majestad el Rey de España, toma esas tierras para incorporarlas a los territorios hispanos, denominándola igual que la región de origen de muchos expedicionarios, como él mismo, Inés Suárez o el capitán Alonso de Monroy.

    Bautiza esas tierras como Nueva Extremadura, que comprenden todas aquellas al sur del lago Titicaca, y más allá de Nueva Toledo. Como curiosidad, hay otros dos territorios americanos más a los que se llamó Nueva Extremadura. En Sudamérica, al hoy conocido estado Bolívar en Venezuela, y en Norteamérica, en el Virreinato de Nueva España, a una región que posteriormente se denominó Coahuila y Texas, y que en la actualidad es un territorio perteneciente a los estados  de Coahuila en México, y una gran parte del sur del estado de Texas (EEUU).

    Inés Suárez encuentra agua en el desierto

    Siguen su viaje por el desierto de Atacama, siempre en dirección Sur. Sin embargo, cada vez hay menos agua, llegando incluso a haber alguna reyerta entre los componentes de la expedición. Sin embargo, y como manifiesta en sus escritos uno de los componentes de la expedición:

    “Estando el ejército en cierto paraje a punto de perecer por la falta de agua, Inés Suárez mandó a un indio cavar la tierra en el asiento donde ella estaba, y habiendo ahondado una vara salió al punto agua en tan abundancia, que todo el ejército se satisfizo, dando gracias a Dios por tal misericordia.”

    Mariño de Lobera
    Aguada de Doña Inés o Jagüey
    Aguada de Doña Inés o Jagüey

    Este pozo (o jagüey en lengua local) permaneció durante años activo, y se le denominó el pozo de Doña Inés,  conservándose el mismo hasta el día de hoy. Se encuentra en las  coordenadas 26,112138º Sur,  69,410343 º Oeste, en la Quebrada de Doña Inés Chica, en la Región de Atacama, provincia de Chañaral, Comuna Diego de Almagro. 

    Fundación de Santiago de la Nueva Extremadura

    Once meses tras su partida de Cuzco, la expedición llega al valle del Río Mapocho, remontando el curso del mismo, fundando sobre una antigua ciudad inca, el día 12 de febrero de 1541, la que será la capital del territorio recién incorporado a la Corona Española, denominándola Santiago de la Nueva Extremadura (la hoy conocida como Santiago de Chile, capital del país). El valle del Mapocho en esa zona es muy fértil y con buenas agudas para el desarrollo propicio de agricultura y ganadería. Sin embargo el asentamiento debe moverse a dos cerros, más fácilmente defendibles, ante la hostilidad de los pueblos de esa área, los mapuches. 

    Fundación de Santiago de la Nueva Extremadura por Pedro de Valdivia
    Fundación de Santiago de la Nueva Extremadura. Fuente abc.es

    Valdivia, continuando con la forma de diplomacia desplegada en las tierras aztecas e incas, envía embajadas a los asentamientos locales para que, entregando regalos a los líderes de la zona, vieran el deseo de mantener la paz de los exploradores hispanos. Sin embargo, y a pesar de aceptar los  regalos, comienzan a recibir ataques, por lo que se dota al asentamiento de una empalizada perimetral para su protección. En los  ataques, se captura a siete líderes mapuches, viendo como tras su captura se retiran el resto de combatientes rebeldes, aun estando a punto de vencer en las batallas. A estos líderes, se los mantiene como prisioneros en un intento de evitar seguir siendo atacados continuamente. Al no detenerse los mapuches en sus hostigamientos, Valdivia decide realizar una expedición hacia las tierras del sur para buscar a los rebeldes mapuches, dejando en el campamento al Capitán Alonso de Monroy al mando de una guarnición de 40 expedicionarios, entre los que se encontraba nuestra protagonista, Inés Suárez. 

    Al amanecer del día posterior a la partida de Valdivia, los mapuches atacan el asentamiento, animados por los gritos de ánimos de sus líderes apresados, que les pedían que les liberaran. Llegaron a quemar varias de las viviendas de madera que los hispanos y sus aliados yanaconas había erigido para albergarse. Y estando la batalla en esta situación, aislados en el interior de la empalizada, con un incendio activo, y totalmente rodeados de hostiles, Inés Suárez entra en acción. Viendo lo desesperado de la situación, se dirige abandonando el combate momentáneamente, hacia la casa donde se encontraban encerrados los líderes indígenas. A los dos españoles que estaban de guardia les dijo que los mataran para que los mapuches atacantes se retiraran. Los dos guardias dudaron, y preguntaron a Inés cómo debían matarlos, tras lo que ella misma, con su espada recién desenvainada, entró y los mató a todos. Los dos guardias la ayudaron a sacar los cuerpos sin vida a la vista de los atacantes. 

    Esta vista afectó a los atacantes, que mantuvieron el ataque solo un poco más, hasta el mediodía. Durante el asedio, Inés animó con palabras que los cronistas decían “más propias de un valeroso capitán que de una mujer disfrazada de soldado”. Además curaba a los heridos en el combate como bien podía, animándolos a seguir defendiéndose. Incluso sirviendo de escabel al jinete Gil González de Ávila, que así lo contó tras la batalla, al encontrarse tan débil que no podía subir al caballo “poniéndose Doña Inés en el suelo, le sirvió de apoyo para que subiese”. Acabada la batalla, con resultado incierto, los mapuches se retiran afectados por la decapitación de sus líderes, cruzando el río tras una salida de persecución de los hispanos, y produciéndose así la salvación de la ciudad.

    Inés Suárez y Pedro de Valdivia: la historia de amor que no fue aceptada

    Ambos vivieron en la ciudad recién salvada, juntos hasta 1548. Todos los presentes aceptaban esta situación, a pesar de ser Pedro un hombre casado. Pedro, por las acciones que Inés había realizado en la defensa de Santiago y durante la expedición desde Cuzco, le concede tierras en la misma cantidad que los capitanes que le acompañaron. Los españoles seguían acudiendo a ella para curar a heridos y tratar a enfermos, siendo siempre amable y cercana, ayudándolos a todos ellos. Este comportamiento de Inés le granjeó el respeto y la admiración de todos los habitantes de los nuevos territorios. Durante estos años el clérigo González Moralejo el enseña personalmente a escribir y a leer.

    Algunos vecinos, sin embargo, no aceptan la unión ilegítima, y marchan a Perú a denunciarlos. El virrey Pedro de la Gasca, que ya se había entrevistado con Valdivia y lo tenía en buena consideración, abrió un proceso, en el que había, aparte de la unión ilegítima con Inés, varios cargos más.

    En la resolución del proceso, el virrey exonera de todos los cargos a Pedro de Valdivia, excepto en el relativo a la relación con Inés. Le ordena que la finalice y traiga a su esposa de la Península, por lo que Inés es casada con uno de los capitanes de Pedro de Valdivia, Rodrigo de Quiroga, en 1549. La esposa de Pedro de Valdivia parte hacia América, pero no alcanzará a volver a verlo vivo, pues fallece en diciembre de 1553 en la batalla de Tucapel. 

    Ocaso de la vida de Inés: el matrimonio con Rodrigo de Quiroga

    Tras su boda con Rodrigo de Quiroga en 1549, la vida de nuestra heroína se vuelve tranquila. Debido a su religiosidad, ayuda económicamente varios templos, como el de la Merced,  o la ermita de Monserrat, en Santiago, donde mantiene su residencia. Debido a la edad de Inés, que en la época en la que se casa ya no puede engendrar, el matrimonio no tiene hijos. Hay que destacar que Quiroga llegó a ser Gobernador de Chile, ostentando ella el título de Gobernadora que le otorgó su marido. 

    Templo de la Merced financiado por Inés Suarez
    Templo de la Merced

    Transcurre su vida junto a la de Rodrigo, realizando múltiples obras de caridad, hasta el fallecimiento de ambos el año de 1578. Ambos están enterrados juntos en el templo de la Merced, que ambos financiaron. Es digno de destacar que Inés sobrevivió a todos los que con ella comenzaron la conquista de Chile.

    Lapida de Inés Suarez en Chile

     Mis Conclusiones

    Indudablemente Inés Suárez fue una mujer con una vida fuera de lo común. Es cierto que podrá haber partes de su vida en las que podamos no estar de acuerdo con lo que hizo, como por ejemplo la decapitación de los líderes mapuches. Sin embargo, lo que podemos decir de ella es que fue valiente, pues en el momento en el que ella viaja a América muy pocas mujeres se habían atrevido a hacerlo, y aún menos a enrolarse como soldado en expediciones de conquista. Hay que recordar que con antelación a la expedición de Valdivia, Diego de Almagro realizó otra a las mismas tierras que acabó en fracaso.

    El no tener nada que perder también la convirtió en una mujer con una ambición que la llevó a buscar siempre mejorar su posición y mantener su capacidad de decidir sobre su propia vida. 

    Pero lo que marcó más a Inés fue el amor. Primero, porque el amor a Juan de Málaga la impulsó a salir de la península hacia América para reunirse con él. Posteriormente, el amor por Pedro de Valdivia la hace cofundadora de la actual capital chilena, y a defender a toda costa lo que habían logrado. Y finalmente, el amor por su último esposo, Rodrigo de Quiroga, la hace mantenerse en Chile y hacer de la nueva ciudad un lugar mejor, con multitud de obras de caridad y continuamente ayudando a los que con ella marcharon a conquistar nuevos horizontes.

    La vida de nuestra protagonista, tanto sus venturas como sus desventuras, ha sido llevadas a la literatura por Isabel Allende en su obra Inés del alma mía,  que además ha inspirado una miniserie que, esperemos, haga justicia a esta valiente y excepcional extremeña.

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    Preguntas frecuentes sobre doña Inés

    Era una mujer fuerte que supo rehacerse a la perdida de su marido. Además encontraría la fuerza y valentía de seguir a Valdivia y Salvar Santiago de Chile por las armas cuando fue necesario. Aunque las intrigas políticas la apartaron de Valdivia, en Rodrigo de Quiroga encontraría la paz y comprensión que tanto merecía.

    Tuvo una muerte placida en su cama pocos meses después de la muerte de su marido Rodrigo de Quiroga.

    Inés Suáres moriría en su residencia en Santiago de Chile

    Juan de Málaga encontraría la muerte en la batalla de las Salinas, en la que se enfrentaron los almagristas contra las fuerzas de los Pizarro,

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