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Tlaxcaltecas, los conquistadores olvidados

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Los Tlaxcaltecas Leales, valientes

Los Tlaxcaltecas juagaron un papel principal no sólo en la caída del imperio Azteca, sino que continuarían junto a sus nuevos aliados un proceso de conquista. Éste los llevaría más allá de sus fronteras naturales, llegando luchar al otro lado del Pacífico.

Como nos vemos en esta escena del Lienzo de Tlaxcala, hay unos a guerreros tlaxcaltecas luchando en la campaña de 1522 en Michoacán, en el oeste de México. El líder de la expedición, Nuño de Guzmán, aparece junto con otro peninsular y un mastín español, en un segundo plano. Los protagonistas de la escena son cuatro tlaxcaltecas vistiendo sus típicos plumaje de batalla, mientras empuñan macuahuitles con puntas de obsidiana. Es importante fijarse en que la carga no la dirige Guzmán, sino el capitán tlaxcalteca.

Tlaxcaltecas luchando con el apoyo de los españoles contra las fuerzas purépechas.
Parte del lienzo de Tlascala

El enemigo purépecha se muestra resistiendo la invasión, pero su vestimenta para la guerra es menos impresionante que la de los tlaxcaltecas, y a los tres guerreros purépechas se les resta presencia con las imágenes de sus compañeros siendo ahorcados y desmembrados.

La histórica opresión mexica sobre sus vecinos tendría consecuencias

Ahora sabemos como acabo la historia y podemos decir que los nahuas, o nativos de habla náhuatl del centro de México fueron una de la mayores fuerzas usadas en la conquista y utilizadas para repoblar nuevas áreas. Tlaxcala era una importante ciudad nahua, cuyos habitantes se hicieron famosos por haber resistido primero a la dominación azteca y luego a la española.

Es sabido que tras unos primeros combates, los tlaxcaltecas se aliarían con los españoles para ayudar a derrotar al Imperio azteca. Llegarían a convertirse en miembros principales de las campañas hispano-nahuas para reconquistar y extender el antiguo imperio a lo que sería la grandiosa Nueva España.

Imperio azteca entre 1427 y 1520 – Fuente: Aztec Empire – ru.svg: Kaidor disponible bajo la licencia CC Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional

Los tlaxcaltecas, que siempre habían resistido al Imperio azteca que rodeaba su ciudad y sus tierras, no dudaron en cortar igualmente los corazones de los prisioneros de guerra mexicas. Tlaxcala siguió siendo independiente, pero su vida se vio ensombrecida en numerosos aspectos por la existencia de la hegemonía azteca en todo el centro de México. Esto crearía generaciones de resentimiento que resultarían cruciales para entender el éxito de los españoles.

Una alianza sellada por matrimonios mestizos

La alianza hispano-tlaxcalteca se concretó en una alianza matrimonial entre los Alvarado y la dinastía real de Xicotencatl. Pedro de Alvarado se casó con la princesa tlaxcalteca doña Luisa Xicotencatl, con quien tuvo dos hijos. A su vez, Jorge de Alvarado se casó con su hermana, doña Lucía.

Pedro de Alvarado marido de una de las princesas tlaxcaltecas
Retrato de Pedro de Alvarado

Los Alvarado llevaron a sus esposas tlaxcaltecas, y a miles de guerreros tlaxcaltecas y sus comitivas, en sus campañas a Guatemala. Bernal Díaz comentó que «Jorge de Alvarado trajo en el camino más de doscientos indios de Tlaxcala, y de Cholula, mexicanos, y de Guacachula (Quauhquechollan), y de otras provincias, y le ayudaron en la guerra.» Los guerreros nahuas también procedían de Xochimilco, Texcoco y otros pueblos del centro de México, y también estaban representados otros grupos étnicos, como los mixtecos y zapotecos de Oaxaca.

Los pueblos indígenas se disputaban la amistad de los españoles, ofreciéndoles regalos, comida, mujeres y participando en formas contenidas de combate para probar su destreza y evaluarlos como aliados. En particular, los tlaxcaltecas que eran los principales rivales y enemigos de los aztecas. Estos pusieron a prueba a los conquistadores en la batalla y luego se apropiarían de ellos como aliados, utilizándolos para poder acabar con sus odiados vecinos en la ciudad de Cholula.

La diplomacia de Cortés y Malinche

Cortés encontró así un terreno común con los señores locales. Los españoles querían avanzar hacia el Valle de México para enfrentarse al emperador azteca con el mayor número posible de aliados locales. Los gobernantes nativos estaban ansiosos por ver a los españoles salir de sus comunidades y estaban dispuestos a cubrir sus apuestas ante la posibilidad de la caída del Imperio Azteca.

Hernán Cortés, Doña Marina y aliados tlaxcaltecas entrando en Tenochtitlan
Hernán Cortés, Doña Marina y aliados tlaxcaltecas entrando en Tenochtitlan.

Algunos, como los totonacas, estaban sometidos al imperio azteca y no tardaron en rebelarse contra él. Otros, como los tlaxcaltecas, se habían resistido a la expansión azteca y finalmente fueron persuadidos para arriesgarse a destruir a sus antiguos enemigos. La iniciativa para forjar la alianza que acabó derrocando la hegemonía azteca no partió de Cortés, que no sabía nada de política indígena, ni podía hablar ninguna lengua local.

Se apoyó en la mujer nativa que le sirvió de intérprete, llamada doña Marina por los españoles y Malinche por los nahuas. En los relatos de los nativos sobre la conquista, ella ocupa un papel central, como mínimo de guía y a menudo de mando.

La conquista de Tenochtitlán

El día 8 de noviembre finalmente llegan a las puertas de Tenochtitlán, encontrándose los dos líderes contendientes, el huey tlatoani Moctezuma y Cortés, a los que asisten los intérpretes Aguilar y Malinche. Tenochtitlán a la llegada de los españoles era una ciudad asentada en el lago Texcoco, inicialmente en un islote, pero que al aumentar de tamaño se extiende a otros.

Para la comunicación entre los mismos se contaba con puentes y con diversos canales, que servían para el tráfico de las canoas en las que se transportan mercancías y personas. Era de tamaño el doble que Sevilla, ciudad más grande en España en aquellos entonces, con una organización geométrica en cuanto a su trazado, y con una organización administrativa por barrios, cada uno con sus cargos nombrados y con sus responsabilidades marcadas.

Imagen aérea de como era Tenochtitlan cuando llego herán Cortés
Ciudad de Tenochtitlán

Una cabeza española cambia todo

Se cree que Moctezuma pensaba que Cortés y los suyos eran enviados de Quetzalcóatl, y por lo tanto dioses o semidioses. Tras las entrevistas iniciales, en las que Cortés le habla del Rey de España y le pide que se someta a él, son alojados para continuar las conversaciones en los días siguientes en el palacio de Axayácatl, padre del huey tlatoani. En estas conversaciones, parece que Moctezuma acuerda someterse al Rey español. En el palacio, además, los españoles descubren un gran tesoro oculto tras una pared al intentar construir una capilla en su interior. 

Mientras tanto, fuerzas mexicas de Nautla atacan a los totonacas, que recordemos habían dejado de pagar impuestos. Los españoles de Veracruz, fieles a la alianza, luchan junto a sus aliados contra los aztecas, logrando hacer huir a estos últimos. Sin embargo, llevan a la capital azteca la cabeza de uno de los soldados españoles caídos en combate para demostrar que no son dioses, sino humanos. Moctezuma ordena dejar de atacar a los españoles y mientras están en la capital, les muestra los templos y palacios, los mercados y los canales. Tras llegarle a Cortés las noticias del ataque a Veracruz de Nautla, toman prisionero en el palacio al tlatoani, el día 14 de noviembre.

La noche triste

Durante los ocho meses siguientes, los conquistadores españoles y tlaxcaltecas, fueron parcialmente contenidos en el centro de la ciudad, sobrevivieron, de forma precaria y cada vez con mayor resistencia. Cortés espantado por las prácticas caníbales ordenó que se colocaran imágenes de la Virgen María sobre los templos aztecas para afirmar el poder del dios de los invasores y prohibiendo dichas prácticas.

También llevó un contingente de españoles y aliados nativos a la costa del Golfo para enfrentarse a una compañía de partidarios de Velázquez. Estos estaban al mando de Pánfilo de Narváez que había zarpado de Cuba para arrestar a Cortés. Estos fueron derrotados, y la mayoría se unió a Cortés. De regresó a Tenochtitlán pudo ver que la situación se había precipitado en una revuelta azteca. Las fuerzas aliadas estaban sitiadas.

Los españoles, desesperados, exhibieron a Moctezuma ante el pueblo. El gesto fracasó. El monarca murió, apedreado por la muchedumbre. En la noche del 30 de junio de 1520, los libertadores de tantos pueblos mesoamericanos intentaron huir de la ciudad sin ser detectados. Pero los guerreros aztecas estaban al acecho y mataron a la mitad de los españoles y a miles de tlaxcaltecas y otros aliados nativos. Cortés conseguiría reagruparse con la ayuda de los tlaxcaltecas, pero pasó más de un año antes de que cayeran Tenochtitlán y su ciudad gemela, Tlatelolco.

La caída de la capital

Aislados de tierra firme, los aztecas se enfrentaron a las consecuencias de un asedio: enfermedades y al hambre. Los ataques por tierra y por agua se realizarían gracias a los barcos, construidos por Rodríguez Cabrillo en las orillas del lago de Texcoco y armados con cañones. Éstos vigilaban el lago y ayudaban a golpear a los contingentes de guerreros aztecas que acechaban en canoas.

La ciudad fue tomada y saqueada por los tlaxcaltecas y otros aliados a pesar del esfuerzo de contenerlos de los españoles. Manzana a manzana, fueron descubriendo no las riquezas que habían visto, sino montones de cadáveres, víctimas de las enfermedades, el hambre y la guerra. Incluso entonces, Cortés no quiso proclamar el fin del mundo azteca. Sino que intentó tranquilizar a las élites en activo, buscando una base de acuerdo con ellas y confirmando al heredero de Moctezuma en el papel de supremo.

Sin embargo, en el imperio y sus alrededores, la gente se dio cuenta de que los viejos tiempos habían terminado. En las zonas periféricas, las comunidades antes acobardadas por los aztecas reanudaron las antiguas rivalidades y conflictos. El efecto fue aumentar el poder de los españoles, ya que, como ajenos a la política tradicional, eran muy solicitados como árbitros de disputas.

El Reino de la Nueva España

A finales de 1521, el antiguo imperio azteca había caído, surgiendo de este y la unión de los demás pueblos el Virreinato de la Nueva España. La civilización española, constructiva y pragmática, supo aprovechar la estructura de rutas comerciales, listas de tributos y relaciones diplomáticas entre las familias gobernantes que seguía en pie.

Los españoles trataron inmediatamente de utilizar ese marco y convertirlo en una parte elemental de la estructura de su propio imperio en Mesoamérica. En la mayoría de las comunidades, los españoles llegaron a un entendimiento con las élites existentes, sin necesidad de recurrir a la violencia. Este es un hecho que la tradición historiográfica ha ignorado o suprimido, tal vez por el enfoque engañoso de los conquistadores sobre sus propias proezas.

Los propios aztecas habían empleado un sistema de conquista y asimilación en la región. Los españoles utilizaron ese mismo sistema. Como se vería, incluso utilizaron guerreros aztecas, supervivientes de la guerra que se unieron a otros aliados nahuas- para ampliar las fronteras de Nueva España. En la década de 1520, al igual que la Ciudad de México comenzó a levantarse, reconstruida con un nuevo estilo de inspiración española, a partir de los escombros de Tenochtitlán, un nuevo imperio hispano-mexicano surgió de las cenizas del antiguo imperio de los mexicas.

Tlaxcaltecas en las islas Filipinas

Si, las fuerzas tlaxcaltecas, además de ser fundamentales en el continente Americano, se embarcarían junto a López de Legazpi y Urdaneta en una expedición que cambiaría el mundo al conseguir el tornaviaje. En esta campaña, las fuerzas nahuas entrarían en combate fundarían la ciudad de Manila. Siendo muchas las huellas que han dejado en aquellas tierras de lo que significa un mundo global e hispano.